Robo de móvil con final feliz: la Policía detecta la venta y un juez se lo devuelve a su dueño

La víctima identificó al presunto ladrón, pero la Audiencia revoca su condena porque no hay pruebas contra él


santiago / la voz

Los robos de móviles son uno de los delitos más frecuentes y que rara vez acaban bien. Es tal la avalancha de casos, que ni la Policía Nacional ni los juzgados dan abasto y la mayoría de las veces concluyen mal para la víctima. Pero lo cierto es que poco a poco la tendencia va cambiando y los cuerpos de seguridad son cada vez más efectivos en estos asuntos. Bien lo sabe un hombre al que el 4 de julio del 2016, a plena luz del día, le desapareció el teléfono del interior de su furgoneta, que imprudentemente había dejado abierta a la altura del número 12 de la calle Castiñeiriño de Santiago.

Eran las 13.20 horas y la víctima estaba haciendo tareas de reparto, motivo por el cual no tomó todas las precauciones debidas. El vehículo quedó con la puerta abierta y una ventanilla parcialmente bajada mientras él iba a entregar unos productos a una farmacia del barrio. Cuando regresó, se percató de que le faltaban el móvil y otros objetos y en ese mismo instante vio en la calle a un hombre con su teléfono en la mano. Le persiguió, pero el caco huyó a la carrera.

Lo normal hubiese sido que esta fuese la última vez que viese su Samsung Galaxy S6, pero gracias a la pericia de la Policía Nacional no fue así. Tras recibir la denuncia, la comisaría compostelana se puso a trabajar y mediante el número IMEI, el identificador de cada terminal, tuvo constancia solo once días después, el 15 de julio del 2016, de la venta del móvil en una tienda situada en la avenida de A Coruña de Lugo.

El juez entregó al denunciante el móvil y el presunto ladrón al que había identificado acabó condenado por un juzgado de Santiago al pago de una multa de 120 euros como autor de un delito leve de hurto. Sin embargo, el acusado presentó un recurso que la sección santiaguesa de la Audiencia Provincial acaba de estimar revocando la condena.

Estima el tribunal que no hay pruebas suficientes contra el acusado del hurto, ya que si bien es cierto que el repartidor lo había identificado, él pudo demostrar que a las 13 horas estaba en el servicio de toxicomanías de Santiago, muy lejos del lugar del robo. Además, la venta del teléfono la hizo un hombre distinto al que, sorprendentemente, no se relacionó con el delito.

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