Gonzalo da un salto al pasado de cinco años en el Santiago Futsal

«Era un niño y no supe valorar la oportunidad», dice el cierre, que se encontró las puertas del club abiertas un lustro después de dejarlo plantado


SANTIAGO / LA VOZ

Gonzalo Alonso habla con un tono de melancolía que envuelve y llega. Con 18 años apuntaba alto en el fútbol sala, pero se bajó del tren que debía llevarlo a la élite cuando ya le habían puesto el billete en la mano. «Tomé el camino fácil y volví a casa», recuerda. Después de un lustro alejado de las canchas dio el paso, hizo una pirueta en el tiempo para volver a aquella estación y a aquel viaje que nunca quedó olvidado. Encontró las puertas abiertas y sabe que no será fácil la reconquista, pero tiene la determinación que le faltó en su día.

Antes de cumplir la mayoría de edad, Gonzalo llamó la atención del entonces Lobelle de Santiago. Los técnicos enseguida vieron un jugador con una proyección enorme y no dudaron en reclutarlo. El club costeó los gastos de residencia, manutención y estudios y el cierre se trasladó de su Verín natal a Compostela.

El chaval respondió a las expectativas deportivas. Al concluir la campaña, Santi Valladares relevó a Tomás de Dios, cogió las riendas del primer equipo y tampoco tuvo dudas cuando empezó a tomar decisiones. Esa pretemporada subió a David Pazos y Gonzalo. Sin previo aviso, el cierre de Verín se fue, sin siquiera empezar los entrenamientos.

«Me costaba estar fuera de casa, incluso en las excursiones del colegio -rememora-. Pasé el año de juvenil, pero me costó muchísimo. Después de dos meses de vacaciones, no fui capaz de volver a empezar. Me agobié».

Sin excusas

No busca excusas, porque no las hay: «Les fallé. Todos en el club se portaron muy bien conmigo, me pagaron el piso, la comida y los estudios. Y planté». A esa desazón se le sumó otra no menos punzante: «Mi padre venía a todos los partidos. Aquí y en los desplazamientos. A veces tenía que levantarse a las seis de la mañana, otras tenía que acabar de trabajar más tarde». El progenitor intentó reconvenirlo, sin éxito.

Tan sorprendentemente como se fue, regresó. Quizás porque siempre sobrevolaba la idea de lo que pudo ser y no fue, pero todavía puede ser: «Siempre quise volver. Se lo comenté a mi padre. Y él no acababa de verlo. Me dijo que lo había dejado y que ya era tarde. Pero yo me animé».

Cinco años después, y con la carrera de empresariales casi terminada, la sensación debió ser parecida a la de Fray Luis de León cuando regresó a las aulas con el célebre «cómo decíamos ayer...». Se encontró lo mismo que había dejado, pero con otra perspectiva: «Valoras las cosas de otra manera. Era un niño y no me di cuenta de la oportunidad que me estaban dando. Sé que perdí muchos años claves en la formación como jugador, pero estoy motivadísimo. Y el club sigue siendo una gran familia. Hay muy buen grupo, en el filial y en el primer equipo. Nunca olvidaré la respuesta de Santi cuando volví a contactar con él después de tanto tiempo, a través del WhatsApp. Me dijo que mientras él estuviese en el club, tendría las puertas siempre abiertas».

Otra vez en la estación

David Pazos sí que cogió aquel tren en el verano del 2012. Después de dos años en la primera plantilla firmó por el Inter Movistar, estuvo cedido en el Ribera de Navarra y acaba de recalar en el Palma. Diego Quintela, que fue compañero de piso de Gonzalo, había iniciado el mismo viaje un poco antes. Su camiseta luce en el techo de Sar, estuvo la pasada campaña en el Barcelona y también ha firmado por el Palma.

Aunque han pasado cinco años, el tren del Santiago Futsal sigue ofreciendo pasajes. El cierre de Verín no quiere que se le vuelva a escapar, en la parte que le corresponde. Se centra en «seguir aprendiendo y coger el mejor nivel». Y, a medio largo plazo, «ya se verá».

Por Santi Valladares tampoco va a quedar: «Como jugador hay cosas que no se olvidan. Se merece otra oportunidad, le toca demostrar con sacrificio y sudor». La pelota está en su tejado.

Reincorporación progresiva, filial y al punto de partida

La vuelta de Gonzalo Alonso al Santiago Futsal no fue cosa de «chegar e encher». Le tocó ir superando etapas. «Al principio estuve con los cadetes y los juveniles, más como si fuese un segundo entrenador -apunta-. En enero empecé con el filial. Tuve que parar dos meses por una lesión de rodilla».

Pero en ese poco tiempo dejó entrever que el que tuvo, retuvo. Mon, ayudante de Santi Valladares, siguió muy de cerca la evolución del cierre: «Después de cada partido se interesaba por ver cómo me habían ido las cosas. También me ponía cortes de vídeo del primer equipo y me preguntaba sobre cuestiones relacionadas con el juego».

Nada queda al azar en la planificación del trabajo. No es lo mismo un jugador de 17-18 años que uno de 23-24, y más si entre medias abandona la alta competición. Pero lo que no perdió Gonzalo Alonso fue el gusto por el fútbol sala, ni el talento, que es innato. «Siempre quise volver -afirma-, pero después de cómo me fui... Me animé a hablar con ellos y ahora estoy con toda la ilusión y la motivación para tratar de recuperar el tiempo perdido».

De momento, lo que toca es la fase más árida de la pretemporada, «muy dura pero necesaria. Después se agradece». En el horizonte aparece el torneo de Burela, en quince días.

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