«Queremos crear una oenegé para que vengan más niños de Ucrania a Galicia»

Enrique Iglesias y Julia Carballo, docentes de Santiago, acogen a dos hermanos este verano

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m. x. b.
Ribeira / La voz

Muchos países no están pasando por un buen momento, ya sea económico, político o bélico. Un ejemplo de esto es Ucrania. Hace tres años se iniciaba una guerra que se prolonga hasta la actualidad. Como efecto colateral, su economía lleva tiempo sin crecer, lo que provoca que muchas familias no puedan mantener a sus hijos. En estos casos, pueden mandarlos a internados sufragados por el estado, donde no les falta de nada. Esta es la situación que viven Anastasia y Mykola Bak, dos hermanos que están pasando las vacaciones de verano en Galicia. Es la primera vez que Mykola, de 6 años, sale de Schors, su ciudad. Sin embargo, su hermana ya había estado antes en Algeciras gracias a la ONG Ucrania y Andalucía.

Llegaron a principios de junio al aeropuerto de Lavacolla, y allí ya estaban para recibirlos Enrique Iglesias y Julia Carballo, ambos profesores compostelanos. Es el primer verano que acogen en vacaciones a niños ucranianos, pero tienen idea de repetir y quieren ampliar el número de familias para que puedan venir más. «Hacía ya tiempo que queríamos traerlos. Con la guerra de Ucrania creíamos que era lo mejor», apunta Iglesias. «La guerra ucraniana y sus problemas económicos coincidieron con la crisis en España, por eso se redujo el número de niños que venían», comenta Julia Carballo.

Ellos tienen una idea y un proyecto que quieren sacar adelante: «Estamos intentando crear una oenegé, hermanada con la andaluza, para que vengan más niños a Galicia. Mykola y Anastasia son los primeros que están aquí, pero queremos que sean más», cuenta Enrique Iglesias. Para eso, además de completar el necesario papeleo, tienen que encontrar más familias que reciban a los niños en sus hogares durante las vacaciones.

Salud de los niños

Una de las ventajas, por no decir la mayor, es que su estancia aquí les ayuda a mejorar sus salud. «Estar tres meses fuera de su hogar, de la influencia de la radiación de Chernóbil les sienta fenomenal», afirma Carballo. No solo estar alejados de la radiación les favorece, sino también ampliar su alimentación ya que «allá no comen mucha fruta, no hay una gran variedad. Lo único que tienen en relativa abundancia es manzana. Aquí comen cítricos, plátanos...».

El pasado julio lo pasaron en Aguiño, disfrutando del buen tiempo y de la playa. El pequeño Mykola se quedó impresionado al ver por primera vez el mar: «Después de ver el mar estuvo hablando con su madre por teléfono y estaba realmente asombrado, sobre todo por el hecho de que sea salado», añade Julia Carballo.

Su último día en Ribeira lo pasaron en Coroso, disfrutando de la playa acompañados de un helado: tocaba volver a Santiago y querían aprovechar el buen tiempo. «Anastasia no quería que nos fuéramos de Aguiño, le encantó estar allí», afirma Carballo ante la sonrisa tímida de la pequeña.

La experiencia que están viviendo la definen en una palabra: fantástica. «Los niños se adaptaron muy bien, aunque cuando llegaron estaban un poco asustados. Venir juntos les ayudó a coger confianza antes, pero al principio nos costó entendernos con Mykola porque no sabía castellano», explican. Pero ahora falta lo más importante: que más familias se sumen a la acogida de los niños para «que otros muchos puedan disfrutar de esto, de nuestro clima. Que respiren aire fresco para volver cargados de energías», dice Iglesias.

Ucrania. De vez en cuando, los niños les cuentan cosas de su vida en su país: les hablan de sus padres, del internado...

Visitas. Además de estar en Aguiño durante un mes, los pequeños conocieron otros puntos de Galicia, como la playa de As Catedrais y la de Os Castros.

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