La concordia también llega, aún más patente, a través del Camino


Santiago / La Voz

El premio Princesa de Asturias de la concordia ha ido a parar a la Unión Europea, que lleva sesenta años intentando ser una familia unida y le falta aún un buen trecho y un buen gurú para lograrlo. Es la sempiterna lucha entre la Europa de la discordia y la Europa de la concordia, el ángel negro y el ángel blanco. El galardón fue para la Europa de la concordia, es decir, la de los corazones unidos.

Si realmente hay un ente que inspira unión y concordia en este continente es el Camino de Santiago, no Eurovisión. Representa el único símbolo que viene enlazando desde hace siglos los corazones de los caminantes a través de Europa, un itinerario cultural europeo que podría estar perfectamente en el sitial del premio Princesa de Asturias acompañando al ente galardonado, la UE.

Quienes transitan por Europa hacia Compostela son criaturas de concordia en una ruta ya no solo europeizada sino universalizada. En una senda en la que miles de coreanos y norteamericanos concuerdan en el Camiño y se abrazan en la meta, mientras admiran la metálica fachada tubular de la Catedral, dentro de su pluralidad de estilos.

Europa necesita afianzar un itinerario político-económico-social que una al continente, porque ya hay un itinerario cultural y solidario que aviva la fraternidad de la familia europea y la concordia, título del premio.

El galardón se denomina Princesa de Asturias, hija de un Rey de España que conoce perfectamente lo que significa el Itinerario Cultural Europeo y lo que representa Santiago como anhelo y colofón de unidad. Y lo que supone un prestigio universal que procede labrar de forma institucional e interadministrativa. No cabe otra fórmula, salvo la de un patrocinio hogareño como el que promovió la Fundación Catedral para restaurarla. De poner la gorra le caerían más monedas.

El de Santiago es el único Camino que ha encauzado a casi todas las nacionalidades del mundo. El pasado año lo transitaron peregrinos y caminantes de cerca de 150 países, con acentos de lo más exótico. No percatarse de esta vía ecuménica es desplazar el yunque y el martillo del pabellón auditivo al cerebro. El año santo es la oportunidad de darle empaque a este torbellino multiétnico y lingüístico con Santiago como punto de encuentro.

Real Patronato

De ahí el compromiso real con el evento. Antes de que finalice el año Felipe VI presidirá el Real Patronato de la ciudad, como hizo su padre en varias ocasiones. Y tendrá delante, sobre el tapete, un plan de actuaciones que recibirá previamente en la Zarzuela. Aunque la cabeza visible e impulsora de todo este proceso es el alcalde compostelano Martiño Noriega, cuyo estrechamiento de manos con Felipe VI ha sido el sello de franqueo de la celebración, las administraciones son las que están bordando el programa que refrendará el jefe de Estado.

Seguramente saldrá un buen encaje, porque todos dan puntadas con hilo: la coparticipación administrativa en el proyecto, al lado del compromiso económico, establece una excelente base para una carpeta plurianual plausible. Y regada con fondos en una cuantía no menos plausible. La generosidad del Consorcio puede llegar a ser infinita, pero para este plan plurianual basta con que se duplique.

Dos Xacobeos engarzados lo agradecerán. Son dos grandes cuentas de un rosario que la Iglesia rezará y que las administraciones facturarán con una marca universal de prestigio. Y si algún gobierno a la postre flaquea, transparentará su flaqueza. Parece que eso no ocurre. El compromiso es serio y a nadie le guía como única lectura recomendada el catón político, que comportaría precintar la sensatez.

En lo que concierne al Real Patronato, la cuestión es que aparezca una fecha en la que las agendas de todo quisque engranen. A Zapatero los piñones dentados no le entraban. A Rajoy es impensable que no le encajen porque el primer mundo que vio sin barba fue Santiago.

Las avanzadillas de ambos Xacobeos son ya masivas, delatando un auge creciente del Camino y, se intuye, anunciando una explosión humana en el año 2021 corroborada en el 2026.

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