La política toma partido en la Ascensión

Los saludos y las distancias en el paseo por la Alameda, fiel reflejo del actual panorama local


santiago / la voz

El pulpo puso a cada uno en su sitio. El PP y el PSOE en el centro de la carpa, y Compostela Aberta y BNG en el fondo sur. Así se sentó la comitiva política que ayer disfrutó de la Ascensión con saludos efusivos que sonaban a pactos y desencuentros que marcaban distancias. Fue tras una mañana de paseíllo que amenazaba tormenta y en la que los gestos se repitieron hasta que por fin reventó la treboada.

Todos llegaron en comitiva. El primero, Agustín Hernández, que lo hizo acompañado de un primer espada, aunque no se sabe si la presencia del presidente de la Xunta en el Paseo da Ferradura fue beneficiosa para el portavoz popular, porque Núñez Feijoo se llevó todo el protagonismo a costa de Hernández y de Paula Prado. Nada más entrar en la Alameda, los populares se encontraron con el portavoz socialista, que llegó escoltado por otro peso pesado, Xosé Bugallo. Como en el caso de Hernández, a Paco Reyes le hizo sombra el ex alcalde. «¡Hombre, Pepe!», le saludó el presidente de la Xunta, y luego se sucedieron algunas bromas sobre quién gana o no gana elecciones. Después se separaron, y los populares continuaron su baño de masas carballeira arriba, con estratégicas paradas para hacerse un selfie con el pueblo, para besar a un bebé o para afinar puntería en la tómbola. Feijoo pinchó más globos que Hernández, pero de eso se trataba. En la carpa del pulpo se encontraron de nuevo socialistas y populares, que se colocaron frente a frente y se repitieron los saludos.

Al fondo sur llevaban un rato sentados los nacionalistas. Rubén Cela, con Goretti Sanmartín y el siempre entrañable Xosé Luis Rivas, Mini. Estaban ya las mesas manchadas de tintorro cuando por Porta Faxeira entró el alcalde, que volvía de Amio acompañado, entre otros, por Rafa Dopico, Pepe Arias y Luca Chao. Foto con una niña vestida de gallega, apretones de manos y besos. Era tarde y Noriega no se demoró en las atracciones, aunque aseguró que después jugaría a los camellos. Al parecer, lo hizo y ganó.

Cuando llegó a la Pulpería García, la comitiva rupturista se cruzó con la popular, que se levantaba de la mesa. No hubo saludos. Puede que como ni siquiera se miraron, no se vieron, y Noriega no pudo comprobar si Hernández había seguido su consejo del día anterior y había sonreído. El alcalde sabía bien dónde se quería sentar y enfiló sin dudarlo hacia el fondo, donde esperaban los nacionalistas. Hubo calor en los saludos con Rubén Cela, con Goretti y con Mini. También con el socialista Pepe Baqueiro, que disfrutaba del pulpo en una mesa aparte, ahora liberado de sus muchos años como concejal de Fiestas.

Baño de masas

El paseíllo por la Alameda fue un fiel reflejo de cómo se equilibran ahora las fuerzas en Raxoi, con Compostela Aberta y el PP en una clara competición animada por las encuestas y el Bloque haciendo valer su muy preciado apoyo a los presupuestos del gobierno local. Y el PSOE, en un difícil equilibrio a la espera de resolver sus problemas locales, los autonómicos y los estatales.

Ayer, todos se mezclaron con el pueblo. «É o noso presidente», «é o teu alcalde», señalaban los vecinos entre tintorros y tentáculos. En dos años, antes o después de la Ascensión, según convenga al calendario político, ellos decantarán las apuestas.

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