Aspas celebra 50 años con el empleo y el envejecimiento como sus dos principales retos

Dispone de 131 plazas concertadas para servicios a personas con discapacidad intelectual

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SaNtIaGO / LA VOZ

Un recorrido por el Camino de Santiago, en fines de semana de abril y mayo; una jornada de convivencia, el 17 de junio; la publicación de un libro y un vídeo conmemorativos; un musical; una exposición itinerante y mesas divulgativas; y un acto de cierre en diciembre, son las principales actividades con las que la Asociación de Pais de Persoas con Discapacidade Intelectual de Santiago (Aspas) celebrará su 50.º aniversario. La entidad se constituyó formalmente el 22 de marzo de 1967, por familias de personas con discapacidad, para ofrecer servicios y prestaciones que no asumían las administraciones y se necesitaban para mejorar la calidad de vida y ofrecer posibilidades de futuro a sus hijos. Quieren hacer visible lo que han logrado y dar a conocer sus necesidades y retos.

Aspas tiene ahora 131 plazas concertadas: 35 en el centro residencial Juan Vidán, inaugurado en 1985, en Laraño; y en San Marcos, 42 en el centro ocupacional; 24 en viviendas y centro ocupacional; y 30 en centro de día. Se plantea como dos de sus principales retos mejorar las condiciones de acceso al empleo y garantizar una jubilación y envejecimiento adecuados, explica Marcelo de la Cruz. Él es, desde marzo de 1997, el quinto presidente de Aspas.

Trabajo y plazas concertadas

Una dificultad para la inserción laboral es que, si una persona con discapacidad intelectual accede a un trabajo y falta más de 45 días a la plaza concertada que tenía en alguno de los centros de Aspas, esta plaza se adjudica a otra persona; y después les resulta muy difícil recuperarla, en caso de que la necesiten. Marcelo de la Cruz destaca que uno de los logros importantes de la historia de Aspas es que 15 personas con discapacidad intelectual que atendieron y formaron en sus centros consiguieron empleo en empresas ordinarias. Parte de ellas mantienen sus puestos. Pero otras estaban en empresas que cerraron a causa de la crisis de los últimos años «y se quedaron sin el empleo, y sin la plaza concertada que tenían antes de trabajar; porque estas plazas se rigen por unas normas que marca la Administración con la que las concertamos, que gestiona esas plazas, no nosotros. Creo que la Administración va a tener que solucionar ese problema, porque para estas personas es una ilusión enorme poder trabajar; tienen muy interiorizado por qué a ellas no las aceptan y, cuando consiguen un puesto, se esfuerzan por conservarlo, y lo viven con especial satisfacción», explica.

Esta situación es común a otras asociaciones gallegas que prestan servicios al colectivo de discapacidad intelectual. Familias que tienen personas allegadas en plazas concertadas se resisten a que trabajen por temor a los perjuicios que puedan enfrentar. Eso impide que personas con discapacidad intelectual aprovechen posibilidades de empleos temporales que podían desempeñar. «Si acceden a un empleo público es más fácil, pero hasta recientemente no se convocaban oposiciones para este colectivo», indica Marcelo de la Cruz.

Otro problema importante es que «cada vez hay más personas con discapacidad intelectual que envejecen, e incluso que pueden llegar a jubilarse, situaciones que hace años no eran frecuentes. Tenemos que afrontarlas, y ofrecerles que lleven otro tipo de vida si llegan a jubilarse», dice.

Para su futuro más inmediato, Aspas se plantea dos desafíos, según su presidente: «queremos aumentar las plazas de centro de día; y construir una residencia específica para unas 20 o 22 personas, que contribuya a dar solución a las necesidades de algunas familias. Las personas con discapacidad intelectual, por sus características, no se adaptan a centros como las residencias ordinarias para personas mayores; yo soy capaz de llevar a mi hijo con síndrome de Down para casa, pero no enviarlo a una de esas residencias, que no están pensadas para este colectivo», explica.

Resalta además el voluntariado y la oferta de ocio, tiempo libre y deportes. Marcelo de la Cruz sostiene que «nuestra relación con las administraciones es buena. Pero una conclusión de estos años es lo mucho que cuesta dar un paso en el camino de buscar salidas para personas con discapacidad intelectual».

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