El «rali» París-Dákar se queda de momento sin el punto de salida

El añejo bar de la rúa dos Bautizados espera iniciar una nueva etapa en su largo recorrido


santiago / la voz

El bar París es un histórico, pero más que una historia encierra un ramillete de historias que ha configurado la larga trayectoria del establecimiento. Y ha llegado al final de una, la que Antonio Gómez protagonizó hasta hace unas fechas, en que decidió abandonar el negocio y cambiar de rumbo. Pero la vida sigue y el París no tardará en estar en otras manos.

El local, veterano en el mundo de la hostelería de Santiago, con décadas a sus espaldas, regó de ribeiro a los clientes antiguos y de café a las generaciones posteriores hasta finalizar sirviendo una sabrosa panna cotta a los últimos que frecuentaron el establecimiento hasta hace unos días.

Nunca fue un local de relumbrón, la verdad sea dicha, pero está en la pomada hostelera de Santiago y sus distintos dueños han aprovechado la ubicación en el ojo del huracán turístico para reunir entre sus cercanas paredes a clientes domésticos y foráneos.

Pero un día alguien pegó un puñetazo sobre la mesa y decidió rescatarlo de su anonimato. Ocurrió hace casi tres décadas. Un grupo de estudiantes, bajo el sello de Amigos da Carallada Enxebre, decidieron peregrinar etílicamente por la ciudad en paralelo al rali motorizado París-Dakar. Claro está, el recorrido empezaba en el bar París y finalizaba en el Dakar.

El problema no era recorrer los 160 metros de distancia entre uno y otro, sino cumplir con el casi medio centenar de cuncas que veían, cada vez más desenfocadas, sobre la barra de las tascas del recorrido. Claro está, estas cosas se acaban cuando se rompe el hilo, y el hilo se rompió cuando finalizó el nexo de unión de los universitarios con los templos del bebercio compostelano. Es decir, el París-Dakar se disolvió una vez que los estudiantes se fueron de Santiago con sus títulos de licenciados, y seguramente con un mapa del rali en cada cara, a sus nuevos destinos vitales.

Nueva fisonomía

Y, como la vida sigue, el París siguió sirviendo cervezas y cafés en los mullidos taburetes adosados a la pared, hasta que llegó Antonio hace casi un lustro y transformó su fisonomía con un estética moderna y sugerente. Y quiso que las tapas que incorporó a la historia del local fuesen no menos sugestivas. Novedosamente, transparentó el negocio con una estampa atrayente hacia el callejón do Peso.

Pero Antonio quería más. El contrato con los propietarios estipulaba unas habitaciones también sugerentes encima del local hostelero. Cuando fue a plasmar el proyecto surgió un desacuerdo que enfiló la vía judicial y concluyó con una indemnización que Antonio (dando por finiquitada su ligazón el París) trasladó a su nuevo hotel, el Mafer, que precisamente abre hoy sus puertas en la plaza de Galicia bajo sus riendas. Las reservas auguraban ayer un magnífico estreno.

Pero los simpatizantes del París no quedarán mucho tiempo huérfanos. En breve estarán degustando sus tapas y sus cervezas en un nuevo tramo de la historia del establecimiento, con otro hostelero que aprovechará las instalaciones del anterior. En el Franco y su entorno un local permanece cerrado lo justo. La historia del París promete alargarse.

Nadie ha vuelto a recuperar el rali, porque los hígados de hoy ya no son como los de antes, pero gracias a ese itinerario el París incluso se internacionalizó. Y hasta es posible que su historia se haya llevado subrepticiamente al cine, y si no vean la película Bienvenidos al fin del mundo. Aunque en ella los bebedores no son capaces de llegar al París.

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