Menores de África precisan familias de acogida para operarse en Santiago

Dos fueron intervenidos en HM La Esperanza y dos más lo harán si encuentran casa


santiago / la voz

Gracia lleva unos meses viviendo en Santiago con Pepe e Isa y con sus hijas, Ana y María. Pero Gracia es africana, y está a punto de regresar a casa. Vino a Galicia con solo un año de vida y ahora volverá con los suyos, que la esperan con los brazos abiertos y con la ilusión de saber que este viaje que hizo la pequeña le cambiará la vida. Porque Gracia nació con una malformación gastrointestinal, no se le formó el ano y hubo que operarla para reconstruírselo. En su tierra no hay médicos ni medios para una intervención de ese tipo, así que la oenegé Tierra de Hombres supo del caso y gestionó el viaje de Gracia y su operación, que la hizo el cirujano Manuel Gómez Tellado en HM La Esperanza.

El doctor, la familia de acogida de Gracia y un buen número de personas más unidas por las solidaridad han creado una red de ayuda bajo el amparo de Tierra de Hombres, una oenegé que nació en 1960 -cuando a causa de la guerra de Argelia se trasladó a los niños heridos a Suiza-, y que está implantada en distintos puntos de España, entre ellos, A Coruña y Santiago, bajo la supervisión de su delegado Raúl Besada. Centrada principalmente en la ayuda a la infancia, tiene convenios con países como Benín, Togo, Senegal, Guinea Conakri, Marruecos y Mauritania, desde donde sus voluntarios gestionan el viaje de aquellos niños que necesitan una intervención quirúrgica a la que no tienen acceso en sus países.

En Galicia colaboran con la oenegé el Materno Infantil Teresa Herrera de A Coruña, el grupo HM La Rosaleda de Santiago y el Clínico, que firmó un convenio con el anterior para los cuidados complementarios que precisan los niños mientras dura su estancia en Galicia. Doctores como Francisco Portela en A Coruña o el cirujano Manuel Gómez Tellado en Santiago llevan a cabo de forma altruista las intervenciones, aunque como indica Eduardo Granja, director médico de La Rosaleda, «nos involucramos todos, somos una gran familia unida por esta causa».

Casi un centenar de niños

Desde que la oenegé trabaja en Galicia han sido operados ya 97 niños; en A Coruña, de cardiopatías; y en Santiago, de malformaciones gastrointestinales. Son problemas que puede tener cualquier niño en cualquier parte del mundo, la diferencia es que ellos carecen de medios para operarse, sanarse y llevar una vida digna.

Esa es la reflexión que hacen a menudo Pepe e Isa, el matrimonio que tiene a Gracia en su casa. Su hija Ana nació con una patología congénita y fue operada en A Coruña. A través de esa experiencia conocieron el trabajo de Tierra de Hombres y empezaron a colaborar con ellos. «Piensas que tienes que dar algo de tu parte -indica Pepe- porque tú tienes la suerte de vivir en un sitio en el que a tu hija la pueden operar, pero otros niños, no». Así fue cómo decidieron acoger a Gracia, la pequeña que lleva viviendo con ellos como una hija desde hace cinco meses y que ahora, ya restablecida, volverá con los suyos. «Hemos disfrutado de ella cada minuto, pero sabemos que a miles de kilómetros la están esperando sus padres, y yo puedo ponerme en su lugar». Como indica Raúl Besada, el delegado de la oenegé en Galicia, «son niños queridos y protegidos por su familia biológica, escolarizados y con una vida normalizada». Su único problema es haber nacido en un país pobre, sin recursos ni medios para practicar las intervenciones que necesitan.

De ahí su traslado a los hospitales gallegos, y de ahí la necesidad de contar con familias de apoyo que acojan a los niños mientras se recuperan de la intervención. Ese es el quid de la cuestión y el principal escollo para que no vengan más niños. Tierra de Hombres es bastante conocida en A Coruña, pero en Santiago, no. Y como indica el doctor Granja, «para que podamos traer a más niños necesitamos familias que los acojan». En La Esperanza ya se operaron dos, Bienvenue hace unos meses y ahora Gracia. «Y tenemos otros dos pendientes de venir». Pero no podrá ser mientras que no encuentren quien los acoja. Hace falta disponibilidad de tiempo, pero no mucho más, porque como subraya Pepe, «no son niños enfermos, pueden ir al parque y hacer una vida normal».

Pepe e Isa animan a los compostelanos a sumarse a una experiencia que para ellos y para sus hijas fue maravillosa. «Nos estresamos porque se nos queda el móvil sin batería, y luego vives esto y se te abren los ojos. Mis hijas y también nosotros hemos aprendido a valorar otras cosas». Lo mismo que opina María, voluntaria de Sada que ya acogió a seis niños y que ha involucrado a su familia y amigos en el proyecto. Y eso que una pequeña se murió cuando estaba bajo sus cuidados, y que le da pena separarse de ellos cuando se marchan... «La última que tuve empezó a caminar aquí, estando conmigo; pero se fue con su papá y con su mamá, a su casa, de donde nunca debió haber salido».

Como recuerda el doctor Granja, «hemos creado una pequeña familia». Una familia que deberá crecer en Compostela.

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