El deterioro de la pasarela de Ponte San Lázaro, un peligro para los peregrinos

El tramo de madera que pisan cientos de peatones cada día tiene superficie irregular, huecos y traviesas sueltas


Santiago / la voz

En espera de que se hagan realidad los proyectos de humanización de la entrada del Camino de Santiago en la zona urbana, hay actuaciones de escaso importe que no pueden esperar porque no solo conllevan una degradación del entorno, sino que además suponen un riesgo real para la integridad física de los peregrinos y, por extensión, de todo peatón que transita por espacios deteriorados. El caso más sangrante es el del puente de San Lázaro sobre la vía del tren, en el último tramo del Camino Francés entre el Monte do Gozo y el centro de la capital.

Aunque se ha elevado la voz de alerta en distintas ocasiones durante los últimos meses, nada se ha hecho en ese punto y actualmente el deterioro de la pasarela de madera junto a la calzada de la carretera N-547, en la bajada desde San Marcos, es tal que requiere una intervención urgente para reponer varias de las traviesas de madera que conforman la vía peatonal y que se han desprendido, de forma que hay auténticos boquetes. Asimismo, muchas más están sueltas. La vegetación que ya cubre los espacios abiertos en la pasarela agranda el peligro, ya que los huecos pueden pasar desapercibidos para el caminante. Asimismo, en días de lluvia se incrementa el riesgo de caídas, debido a lo resbaladizo de esa superficie.

Esta zona es una de las tres en las que la Xunta de Galicia se ha propuesto actuar con prioridad dentro del plan de humanización de los accesos del Camino de Santiago en la zona urbana, que ha encargado al arquitecto Xerardo Estévez. Este plan prevé una amplia intervención en este entorno de Ponte San Lázaro, desde la bajada del Monte do Gozo. Las otras son el tramo de Os Concheiros y, ya en el Camino Inglés, el Polígono del Tambre.

«Santuarios» guarros

Pero no solo mejoras de infraestructuras requiere el Camino de Santiago en las inmediaciones de la capital. Otras actuaciones son mucho más sencillas y tienen que ver con el civismo de los propios peregrinos y con la intervención de los servicios públicos para velar por el buen estado de revista del itinerario. Es el caso de la proliferación de los mal llamados «santuarios» de peregrinos, lugares del último tramo de la Ruta donde los romeros se desprenden de elementos de su indumentaria y enseres, hasta que se convierten en auténticos basureros por acumulación de desperdicios.

Es lo que ha ocurrido en Lavacolla, en el tramo que rodea la cabecera de la pista del aeropuerto, junto al río, muy cerca del núcleo de San Paio de Sabugueira. En ese bonito rincón fueron colgadas de las ramas de los árboles y de los arbustos, a lo largo de semanas, todo tipo de prendas de ropa, calzado, gorras y otros efectos, así como gran número de cruces, algunas de ellas con inscripciones rotuladas.

Tras ser advertido el Concello compostelano, pasados varios días este paraje ha sido limpiado por fin, si bien en ese punto todavía quedan numerosos restos de la inmundicia acumulada, como gran cantidad de cruces, unas botas y algunas prendas, pero su aspecto ya tiene poco que ver con la lamentable imagen que ofrecía el lugar la semana pasada y anteriores, cuando todavía llegaban a Compostela centenares de peregrinos cada día por el Camino Francés.

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