Hospederos


El gobierno local le pone un título rimbombante a eso que tantos años lleva en el candelero turístico sin que se haya avanzado nada: «Repensar a relación da cidade co turismo». De lo que se trata, llanamente, es de cumplir al menos tres imperiosas necesidades. Una: primar la calidad sobre la cantidad (a los políticos les cuesta asumirlo, porque viste mucho hablar mes a mes de «récord histórico»), para lo cual, entre otros objetivos, hay que romper la estacionalidad y convencer a los visitantes, con una oferta atractiva, de que vale la pena quedarse en Santiago más de dos días porque la ciudad puede que empiece, pero no se acaba en la Catedral. Dos: interiorizar (las administraciones, pero también todos y cada uno de los compostelanos) que el Camino de Santiago puede morir de éxito y que la ciudad, como meta de cinco continentes, debe esmerarse en la acogida a los romeros, que no son un simple dato estadístico. El nuevo centro internacional de la rúa Carretas dignifica la atención de la Iglesia al peregrino, pero hay un mundo por hacer, empezando por el reaprovechamiento del Monte do Gozo, ya en marcha, y por la transformación del agresivo y, a ojos del peregrino, decepcionante encuentro de las rutas jacobeas con la capital, iniciativa en la que ahora se empieza a trabajar. Y tres: ordenar el sector, que se está desmadrando por arte de magia de la alegría turística de los últimos tiempos. En Santiago hay una planta hotelera de calidad con rendimientos muy por debajo del prestigio que ostenta la ciudad entre los destinos urbanos españoles. Aunque deberá haber espacio para todo lo bueno, no vale que cada hijo de vecino que tiene un piso vacío (y son muchos) se meta a empresario hospedero.

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