«Cuando ves a alguien en el agua tu instinto es salvarlo, no te lo piensas»

Manuel fundó Proem-Aid, una ONG que ha salvado a miles de personas en Lesbos


santiago / LA VOZ

«En medio de la noche es casi imposible distinguir una embarcación, hay que estar muy atento. Muchas veces la marea lleva cadáveres a la costa. Es la única forma de saber que ha naufragado un barco con personas que no pudiste salvar». Así de crudo es el testimonio de Manuel Blanco, un bombero sevillano que sintió la necesidad de aprovechar su experimentar sus conocimientos y su experiencia para rescatar personas en Lesbos, la zona cero de la mayor crisis migratoria que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial.

Para darle sostenibilidad a su viaje, Manuel y un grupo de compañeros de profesión decidieron fundar la organización Proem-Aid (acrónimo en inglés para ayuda profesional de emergencia). Gracias a su determinación y al esfuerzo económico de sus familias, al poco tiempo estaban salvando vidas en la costa sureste de la isla griega, donde cada día desembarcaban más de mil refugiados. «Éramos bomberos y habíamos visto de todo, desde incendios terribles hasta accidentes de avión; pero nada te prepara para lo que te encuentras allí», explica el voluntario.

Entre lágrimas tenían que aprender a lidiar con el drama humanitario al que se enfrentaban día a día. Rescataban a personas aquejadas por el frío, el miedo y la desesperación. Lejos de paralizarlos, la situación les impulsaba a reaccionar: se aseguraban de que las personas (tanto en el agua como en una embarcación) no se ahogasen, llevaban rápidamente a la costa a niños, mujeres embarazadas o personas enfermas y, por último remolcaban de forma segura la embarcación hasta la playa.

El proceso entrañaba muchas dificultades, desde localizar las embarcaciones durante la noche hasta calmar a los pasajeros mientras llevaban a cabo el rescate. Una vez en la costa ofrecían ropa seca y primeros auxilios a los refugiados: practicaron varias reanimaciones cardiopulmonares, repartieron mantas térmicas, y trataron lesiones.

«Había personas por las que no se había preocupado nadie desde que salieron de su país que rompían a llorar en cuanto les preguntabas qué tal», se lamenta Manuel. Y es que para las mafias sólo eran una herramienta más para ganar dinero. Sus vidas eran secundarias: los lanzaban al mar con lanchas que volcaban ante el oleaje o las ráfagas de viento, les vendían salvavidas de juguete y los abandonaban con menos gasolina de la que necesitaban para llegar a Lesbos. Algunas mafias incluso ofrecían macabras opciones como viajes más baratos en días de tormenta u ofertas dos por uno por transportar niños. Y todas estas adversidades se sumaban a la dificultad de alcanzar la costa. «La Unión Europea bloqueó la ruta más corta entre Turquía y Lesbos, de unos nueve kilómetros. Los refugiados se veían obligados a cruzar veinte kilómetros para alcanzar el otro extremo de la isla», denuncia el bombero.

El acuerdo entre la Unión Europea y Turquía ha disminuido el tráfico en Lesbos y lo ha trasladado al Mediterráneo central. Proem-Aid no se detendrá: está ultimando los detalles para operar en barcos de otras ONGs que disponen de medios para rescatar en alta mar.

Cuando tan solo llevaban un mes en Lesbos, él y otros dos compañeros fueron detenidos por tráfico de personas, ya que transportaban a la costa a refugiados en situación irregular. Salieron liberados a los tres días, después de que una ciudadana griega les pagase un abogado. «En Lesbos he visto lo mejor y lo peor de la humanidad. Y, aunque cuando lo digo no me creen, creo que lo bueno acaba prevaleciendo».

El protagonista. Manuel Blanco. Nació en Sevilla en 1969.

Profesión. Bombero, experto en análisis de riesgos.

Voluntario. Viajó a Lesbos con compañeros de profesión para rescatar refugiados en el mar.

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