«La obra te revoluciona interiormente»

La actriz, que hizo el papel de Cañizares en «Camera Café», protagoniza «Mi relación con la comida»


Hoy y mañana ???20.30 horas???Teatro Principal???8 euros (posibles descuentos)??La actriz Esperanza Pedreño, que muchos reconocerán por haber interpretado el papel de Cañizares en la serie televisiva Camera Café, representará hoy y mañana en Santiago el monólogo Mi relación con la comida, un espectáculo que llega avalado por la crítica y que lleva en escena desde finales del 2014. Ahora, a sus representaciones en Madrid ha unido una gira por España. El texto, obra de Angélica Liddell, se llevó el premio SGAE de teatro en el 2004.

-Poco tiene que ver el papel en esta obra con el de Cañizares en «Camera Café»...

-Me faltan todos los compañeros de Camera Café para que parezca similar, pero también ha pasado tiempo y, aunque Mi relación con la comida tiene una vena irónica o entra en el humor, es otro tipo de humor. Cañizares era un personaje que estaba más cerca del clown y este del monólogo entra más en la bufonada, en la crítica y en teatro social.

-¿Qué le llevó a enfrentarse sola a 80 minutos de monólogo?

-Más que nada la necesidad de hacerlo; leí el texto y me gustó tanto que me atreví a hacerlo. Pero sí que es verdad que enfrentarte a un monólogo es un reto muy personal y, al final, echas de menos el trabajo con más actores pero, al mismo tiempo, también te hace crecer mucho.

-¿Qué encontrará el público en estas dos funciones? En el monólogo, en realidad, poco se habla de la comida.

-De la comida se habla, pero el título es un juego. A mí me encanta, pero a alguna gente le tira para atrás porque piensa que se va a hablar de problemas alimenticios, tipo anorexia o algo así, y como yo también estoy delgadita... En realidad, Mi relación con la comida tiene que ver con mi relación con el teatro. El único personaje es una autora a la que le invita a comer un director de un teatro importante, una persona que tiene poder, en un sitio caro. La protagonista, en la puerta del restaurante le dice que no va a entrar a comer en ese sitio porque está lleno de ricos y los ricos no le gustan porque ella ha escrito su obra en la pobreza. Esa es la ironía y la paradoja con la que comienza la función y, a partir de ahí, da pie a que esta autora le diga en qué condiciones de pobreza ha escrito su obra y hablar de cómo España se ha enfrentado a la memoria histórica, a la guerra, a los genocidios, al hambre en el mundo. Después, al final, hace un alegato a favor del teatro como medicina, como beneficio ético por encima del teatro de entrenamiento y de la cocina de culto.

-Entonces, este espectáculo invita a mirarse en el espejo...

-Sí, genera esa conciencia de cómo estamos enrolados en nosotros, en nuestros problemas, en nuestras izquierdas, nuestras derechas... mientras hay gente que se está muriendo de hambre y que no puede tan siquiera espantarse las moscas de los ojos.

-En la presentación de esta pieza se dice que el público que vea esta obra correrá el riesgo de la posibilidad de la revolución. Llega poco antes de la nueva cita electoral, ¿puede tener incidencia finalmente en el voto de quien la vea?

-Más que tomar partido políticamente, la obra es más bien antisistema, anticapitalista. Hay en varios momentos del monólogo que se dice que da igual al partido que hayas votado, que cuando uno llega al poder se corrompe y deja de mirar al otro y se olvida incluso de su propio pasado, de sus abuelos que lo han pasado mal con la guerra y el hambre. No creo que nadie después de ver esta obra se signifique políticamente, pero sí que te dan más ganas de leer, de mirar al otro, de tener un pensamiento humanista y de conocer la figura de Platón, de Sócrates..., e incluso de leer teatro.

-Con esta invitación a la reflexión, ¿hay sitio para la sonrisa, un registro por el que entró en la casa de muchos espectadores?

-La verdad es que el texto rompe tanto con los eufemismos y es tan directo, que arranca en alguna gente una risa nerviosa. No creo que a nadie le decepcione si luego no se ríe. Es un texto que te revoluciona interiormente porque es muy, muy, muy directo. Pasa con todo el teatro de esta autora, hay gente que se ríe mucho y hay otra que no lo hace nada. Lo importante es reflexionar porque Angélica Liddell es una autora que abre heridas y hay mucha gente que no quiere que se las abra y otra que sí le gusta.

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