Catedral de todos con zapatos nuevos


La Catedral está quedando como un templo con zapatos nuevos. Bueno, los zapatos se le están calzando poco a poco, tras sucesivas probaturas, para que la basílica presente la mejor imagen. La que le debe corresponder, con firma de Manolo Blahnik, porque el lucimiento de la basílica responde a la historia de Santiago y Galicia y da de comer a miles de ciudadanos gallegos. Mariano Rajoy quizás no supo ver otras cosas, pero la trascendencia de la Catedral sí la vio al destinar diecisiete millones para conservar el preciado legado. Hasta el alcalde de Vigo, capaz de denostar el Santiago avechucho que dice haberse encontrado en su visita capitalina, se arroba al hablar de la basílica compostelana. Maravilla de maravillas. Dios entra como rayo de luz por los resquicios del techo, los mismos por los que se cuela también la lluvia que hace caer trozos del templo. Abel Caballero es dechado teresiano y hay que agradecérselo.

Hay un millón de euros preparados para completar la restauración del frontispicio y en breves fechas los visitantes de la plaza do Obradoiro verán decenas de cascos blancos nuevos pululando por las alturas de la fachada principal. Es fácil fijarse en ellos, aunque se observen seres en miniatura, porque la vista escapa de los andamios para auparse al techo. Y lo sentimos por los turistas que se ven obligados a hacer ese recorrido visual, ya que deben sustituir sus objetivos por las postales que les venden las señoras delante de Fonseca, pero los andamios son irremediables. Más que irremediables, son una garantía de algún nuevo milenio de supervivencia para la basílica con los más de 17 millones del bote estatal. La Fundación de Daniel Lorenzo, que timonea el proceso, bajó su ritmo cardíaco tras la ansiedad sufrida en la búsqueda de los fondos inversores. Se impuso el sentido común.

Claro está que cuando se abren las arcas públicas para enderezar el rumbo de un monumento eclesiástico se alzan críticas hacia la administración dadora. La propia Catedral, si el dinero no está a disposición de electricistas o tonadilleros como hasta hace poco, genera recursos para financiar alguna de las obras programadas. Pero en la vida a menudo es preciso elegir, y Cáritas está salvando vidas y haciendas a las que los poderes públicos les cierran el grifo. Vaciar los bolsillos de la entidad social y dejar familias al pairo para restaurar una Catedral que mantiene al turismo gallego no es plan. Es más saludable que el dinero recale en Cáritas que en Panamá. Habría otra opción recaudatoria fácil: cobrar entrada en las puertas del templo. Otras basílicas menos universales y más oropeleras lo hacen. Tampoco es plan. Y un argumento más de peso: la Catedral es un legado histórico de la ciudad, no solo de la grey pastoral de Julián Barrio.

Por Xosé Manuel Cambeiro CrÓNICA

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