«Los cargos actuales en Guinea fueron mis alumnos, y la corrupción sigue ahí, eso duele»


En Bata fue profesor de la Escuela de Magisterio y del instituto de enseñanza media Carlos Lwanga. Trabajó mano a mano con los maestros rurales y en la alfabetización de adultos, en programas de animación rural -protección de manantiales y construcción de pozos, escuelas y capillas en poblados del bosque- y en la fundación y animación de la Escuela Diocesana de Catequistas para los poblados de la selva, adonde rara vez llegan el sacerdote y en cuya labor está centrado ahora, a sus 76 años.

-¿La población profesa el catolicismo o siguen pesando las supersticiones?

-Es mayoritariamente católica, aunque ahora hay muchas sectas, más de las que puede haber en España, y yo creo que es por lo mismo que en Sudamérica, porque les va el rito, son más vitales que cerebrales y la expresión corporal les gusta mucho.

-¿Incorporan esas costumbres en los servicios religiosos?

-Los medios musicales sí, el canto y el movimiento, pero siempre marcando distancia entre las creencias católicas y los mitos paganos.

-En España estuvo siempre vinculado a la educación. ¿También en Guinea?

-Sí. La Salle está aquí desde el 58 y tuvo que irse en el 69 cuando subió el dictador Macías al poder; luego volvimos en el 80. Nos centramos en la educación porque había una laguna muy seria en ese sentido; muchos de los actuales cargos en el Gobierno fueron alumnos nuestros; hay que tener en cuenta que la dictadura eliminó a todos los que tenían estudios por encima de tercero de bachillerato, que es lo que tenía Macías. Pero la corrupción sigue ahí, y eso duele.

-¿Quiere decir que sus propios alumnos cayeron en la corrupción?

-Sin duda ninguna, eso es algo que está enraizado aquí y ya nos dimos cuenta de que tiene que pasar más de una generación. Serán nuestros nietos quienes lo vean, ahora todavía no. Es el dolor más grande que tengo de un trabajo que no fue del todo fructífero.

-¿Cuál es la parte buena?

-La parte buena es que pese a todo hay mayor cultura, que empiezan a vivir con más libertad interior y a superar miedos y supersticiones que se acaban convirtiendo en una esclavitud.

-¿A quién dedica la medalla?

-Quiero agradecérselo al embajador; creo que es obra suya, y no olvidarme de que también se la dieron a una religiosa de Sarria, a la hermana Nieves Quiroga, y a España por reconocer este trabajo, pero haciendo hincapié en que no es personal, sino que va dirigido a toda la gente que trabaja aquí; el cariño es para todos ellos.

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