santiago / la voz

Numerosos bajos comerciales del casco histórico que acogieron negocios abiertos entre principios y mediados del siglo pasado y que cerraron sus puertas en los últimos años, unos; y otros más recientemente como consecuencia del fin de las rentas antiguas, siguen cerrados a cal y canto. Uno de estos negocios es el Ultramarinos Cotos (San Bieito), que cerró sus puertas en el 2013 sin que haya aparecido aún un sustituto para el local. Varias décadas lleva cerrada La Tetería de la Algalia de Arriba, que ocupaba el bajo del edificio propiedad de la Xunta de Galicia. Ahora con los cristales rotos, fue ocupado hace algunos años por la delegación de Facenda durante el período voluntario de la campaña de la declaración de la renta.

En un edificio modernista de la rúa Preguntoiro aún se ve el cartel de la ferretería Torres, que echó el cerrojo hace muchos años sin que nadie se haya animado a nuevas aventuras empresariales. Muy cerca de allí, el local de una pequeña tienda de ropa infantil está cerrado y tapiado desde hace unos veinte años, sin despertar aparentemente el interés de nadie.

Más recientemente, una antigua zapatería de Calderería puso fin a su actividad a principios de este año y la misma suerte corrió un histórico del Toural, la Rabeada, que abría sus puertas allá por el año 1940. Ambos locales siguen cerrados, como el bajo de la rúa Orfas donde en 1879 comenzó la historia de la farmacia Bermejo. Lo mismo ocurre en el número 13 de la misma calle, la mercería Brocos. Este comercio cerró su puerta durante varios años para volver a abrir durante varios meses atendida por una mujer de avanzada edad, y cerrar poco después para siempre.

Varios intentos

A pocos metros del Brocos, el local en el que se fundó el bazar Ibérico quedó cerrado al trasladarse el negocio al otro lado de la calle. El enorme bajo de la fábrica de Chocolate Raposo, en Orfas, tampoco tuvo suerte con los negocios que le sucedieron. Primero fue una sala cultural impulsada por la Asociación Cultural D5, con una actividad efímera, y más recientemente se puso en marcha la tienda de la firma textil Viriato, que tampoco logró consolidarse en Orfas.

En la Rúa do Vilar, el local vacío más llamativo es el del histórico cine Yago, que protagonizó un episodio conflictivo cuando fue ocupado por un grupo de jóvenes, pero tras su desalojo, sigue cerrado y sin previsión de que vuelva a florecer un negocio en el inmueble.

Muy cerca, el local de una marroquinería, ubicada en el bajo de una de las casas más antiguas de Santiago, en el número 61, languidece como lo hacen también los bajos comerciales de la droguería y perfumería Pérez y Labarta, en la rúa Preguntoiro; y el de electrodomésticos, en la rúa do Castro.

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El cierre de negocios históricos no consigue relevos estables