Ricardo Fandiño, el último campanero, residía en lo alto de la basílica

Comenzó a manejar los badajos en 1942 y ocupó una vivienda en lo alto de la basílica, junto al lugar de trabajo: la torre sur


El último campanero de la Catedral fue Ricardo Fandiño Lage, que falleció hace 16 años. Comenzó a manejar los badajos en 1942 y ocupó una vivienda en lo alto de la basílica, junto al lugar de trabajo: la torre sur. La de las catorce campanas de diversos tamaños que tuvo que tañer para los diferentes actos religiosos y celebraciones festivas del Arzobispado. El campanero residía con sus mujer y dos hijos en una vivienda añeja que tenía una cocina amplia, un comedor y dos habitaciones. Cerca del tejado catedralicio, Ricardo y familia hacían una vida normal, en la que cuidaban incluso varias gallinas y un gallo, que despertaba al vecindario del entorno. Excepto a las monjas de San Paio, que se adelantaban al rey del corral de la basílica. Ricardo, que comenzó de sastre y terminaría ejerciendo también este trabajo en la Catedral, era un artista del campanario. «Con la misma habilidad y destreza que maneja las campanas, volteándolas con agilidad pasmosa, corta un traje de caballero de impecable línea», tal era la fama de Fandiño más allá de Santiago. El campanero debía tañer antiguamente distintas campanas, con distintos toques, según las ceremonias o eventos que anunciaban. Uno de ellos era precisamente el repique francés, el toque magnificente, que entre otras solemnidades proclamaba la apertura del año santo. Curiosamente, también anunciaba la muerte del arzobispo o del papa.

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Ricardo Fandiño, el último campanero, residía en lo alto de la basílica