Santiago

En jornadas como la de esta mañana viene al caso la frase de Fray Luis de León: «Como decíamos ayer...». Porque pasan los años, el equipo se reinventa pero conserva sus señas de identidad. Todos defienden, todos suman en ataque. Y cuando las cosas le salen redondas, maravilla, como ha sido el caso ante el Sevilla. Solo cabe un riesgo, pensar que todos los días van a ser fiesta o que está todo hecho.

En la primera parte, el Obradoiro se fue al descanso con una ventaja de diecinueve puntos fraguada en un segundo cuarto superlativo, en una exhibición en los dos lados de la cancha. Los diez minutos del arranque fueron de alternativas, de tanteo, entre dos equipos que están buscando el molde. Al Obradoiro le faltó algo más de contundencia en el rebote defensivo para escapar del aliento hispalense. Pero ya dejó ver las señas de siempre, con mucha actividad en la retaguardia y mucha solidaridad en vanguardia.

Segundo cuarto de los que enamoran

El segundo acto es de los que enamoran. Los compases iniciales siguieron con la misma tónica de igualdad, con un Sevilla encomendado a la inspiración de Henton y a la buena dirección de Anderson. Desde el empate a 22 hasta el final el parcial fue de 21-2, con un Obradoiro que ahogó al rival, sin concederle tiros cómodos, tampoco rebotes, muy atento a cortar líneas de pase. El gladiador Caloiaro fue el que mejor ejemplificó ese espíritu. Y sus compañeros lo secundaron. 

Fueron minutos en los que el Obradoiro dejó ver que esta temporada el peligro puede venir por muchos frentes. Y que lo mismo las canastas pueden salir de laboratorio o de la capacidad individual para fabricarlas, casos de Waczynski con sus fintas, Yusta con sus entradas al aro, Haws haciéndose sitio tras bote. Y McGrath haciendo gala de capacidad de mando. La guinda la puso Bendzius sobre la bocina, palmeando un lanzamiento postrero de Waczynski y sumando el adicional de la falta personal.

Cabía el riesgo de despresurización, de exceso de confianza después del esfuerzo apisonador de ese segundo cuarto. Pero el paso por los vestuario no frenó un ápice el frenesí del Obradoiro. De vuelta de los vestuarios, McGrath sacó el manual de dirección y tiro y, con dos triples consecutivos llevó el marcador a un 54-30 que obligó a Casimiro a pedir otro tiempo muerto.

No cambió la decoración. Los santiagueses siguieron desatados y con un extraordinario equilibrio entre el juego por dentro y por fuera. Siguieron abriendo brecha, hasta cerrar el acto con un 70-37. Con esa ventaja, Moncho Fernández reunió a los jóvenes Haws, Yusta y Pustovyi, para que sigan cogiendo vuelo. 

El Sevilla no bajó los brazos. Y un viejo conocido de la afición local, Alfonso Sánchez, abanderó un parcial 1-10. Lo frenó Caloiario con un triple sobre el límite de la posesión. Y volvieron McGrath, Triguero y Bendzius, para evitar que pudiese quedar un mal sabor de boca final. No fue el caso. Salió todo a pedir de boca. Y sin poder contar todavía con Alec Brown.

Ficha técnica:

88-Rio Natura Monbus Obradoiro (15+28+27+18): Donnie McGrath (12), Tyler Haws (11), Eimantas Bendzius (13), Angelo Caloiaro (21), Juanjo Triguero (5) -cinco inicial-, Artem Pustovyi (3), Santi Yusta (8), Adam Waczynski (13), Pepe Pozas (2) y Jesús Chagoyen (-).

53-Baloncesto Sevilla (13+11+13+16): Nenad Miljenovic (3), Scott Bamforth (4), Berni Rodríguez (4), Bostjan Nachbar (6), Ondrej Balvin (4) -cinco inicial-, Alfonso Sánchez (8), Tomeu Rigo (-), Jermaine Anderson (5), Emanuel Cate (2), Pierre Oriola (5), LaDontae Henton (6) y Uros Slokar (6).

Árbitros: Juan Carlos García González, Sergio Manuel y Jordi Aliaga. Sin eliminados.

Incidencias: Partido correspondiente a la primera jornada de la fase regular de la Liga Endesa disputado en el Fontes do Sar ante 4.727 espectadores.

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El Obradoiro maravilla en su estreno