Una excompañera de Asunta pone en entredicho la coartada de Basterra

La chica sitúa al padre en la calle con su hija el día en que esta fue asesinada, cuando él manifestó que no había salido de casa por la tarde

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El juez llama al orden a Alfonso Basterra por su actitud insolente durante el juicio La descripción del cadáver de Asunta ha provocado la actitud más abatida de Rosario Porto.

Santiago

La coartada que aleja física y cronológicamente a Alfonso Basterra de la muerte de su hija Asunta en la tarde del 21 de septiembre del 2013 se tambalea. A diferencia de su exmujer, que cambió sus declaraciones iniciales sobre sus idas y venidas en aquel caluroso sábado, Basterra ha sostenido siempre que se despidió de la niña en la puerta de casa después de comer y ya no la volvió a ver con vida. Clara, una joven que durante años asistió a clase de francés con Asunta, cuestionó esa versión al estar «segura» de que vio al padre y a su hija en una calle del Ensanche (entre República del Salvador y Xeneral Pardiñas). Ella iba acompañada de un amigo que dejó constancia de una compra en una tienda cercana a las 18.21 horas.

La abogada de Basterra trató de restar credibilidad a esta taxativa afirmación al ubicar a Asunta en el coche de Rosario Porto pasando por la estación de servicio de Galuresa a las 18.24. La madre de Clara ratificó que su hija comentó haber visto a su excompañera de francés al día siguiente de su muerte, pero no consideró necesario comunicárselo a la investigación hasta el mes de diciembre, cuando comprobó que no salían a la luz más testigos y que la defensa de Alfonso insistía en que su protegido no había salido de la casa.

El hallazgo del cadáver

Al margen de este supuesto movimiento de Basterra, que hasta el momento no ha sido reforzado con otros testimonios o pruebas, la sesión giró en buena medida en torno al hallazgo del cadáver. Manuel Crespo vive en la zona de Feros y junto a su mujer pasó en tres ocasiones por el lugar (23.15, 00.10 y 00.20 horas) en aquella noche de luna llena. Fue contundente: «Si hubiese estado allí, juro por mi madre que la habríamos visto. No soy Dios, pero para mí que la niña no estaba».

Sin embargo, hasta la aparición del cadáver (1.15 horas) admite que solo vio y escuchó pasar tres veces un coche blanco pequeño, el Volkswagen Golf que conducía Alfredo Balsa, que junto a su amigo José Álvarez -que no declara por estar gravemente enfermo- usó la pista para evitar la carretera principal que une A Estrada y Santiago. Iba bebido.

Balsa reconoce que pudo ver el cuerpo gracias a la iluminación del coche y que cuando llamaron a emergencias se quedaron junto al cuerpo, pero no lo tocaron. E insistió en que notó «una presencia», pero no vio ni oyó nada en concreto. «Era una intuición», resolvió.

El que se mostró convencido de que era «imposible» ver el cuerpo sin iluminación artificial fue el agente del grupo de Delitos de la Guardia Civil que llegó a la escena del crimen a las 2.15 horas. Este agente, clave en la investigación de esas horas y los siguientes días, fue sometido a un duro interrogatorio, sobre todo por parte de la abogada de Basterra, empeñada en conocer detalles de los registros, haciendo preguntas con el claro ánimo de desacreditar la calidad de este trabajo.

Sobre las horas previas al hallazgo del cuerpo habló el policía que dirigió la búsqueda de Asunta a partir de la denuncia en comisaría. Al agente 82.604 le pareció «extraño» que desde un primer momento los padres hablaran de «una desaparición forzada», así como el convencimiento de Basterra en torno a la medianoche de que «la niña iba a aparecer muerta. Solo deseaba que no hubiera sido agredida sexualmente», explicó el funcionario. Para ambos estaba claro que alguien se la había llevado en el traslado de una a otra casa de los progenitores. Al igual que horas más tarde ante la Guardia Civil, Porto no hizo ni una sola mención de que se había llevado a Asunta a la finca de Teo.

Hoy declaran más policías y guardias civiles, y a última hora de la jornada testificará la madrina de Asunta.

El jardinero: «Jamás usé cuerdas naranjas»

José Rama, el hombre que realizó trabajos de jardinería en la propiedad de los Porto durante años, afirmó con rotundidad que «jamás» utilizó las cuerdas naranjas como las aparecidas junto al cuerpo de Asunta y que también estaban en una habitación de la casa. Rama aclaró que nunca tuvo acceso a la vivienda, y de hecho no reconoció el lugar en el que se encontró la bobina más larga de la cuerda naranja, en la despensa. Tampoco tenía acceso a la edificación (sí al jardín) el vecino Valentín Tato, que coincidió con Porto cuando esta cerraba el portalón de la finca, a las 20.55 horas, según la investigación. La vio con «pocas ganas de hablar» y «algo nerviosa», pero no observó nada extraño en el coche.

El presidente del tribunal llama al orden al acusado por sus reiterados gestos de negación

El presidente del tribunal popular, el juez Jorge Cid Carballo, puso ayer coto a las airadas gesticulaciones de Alfonso Basterra, que prácticamente se han repetido desde el primer minuto del juicio cuando el fiscal o el abogado de la acusación popular en los primeros días, y ayer algunos de los testimonios, preguntaban o declaraban algo contrario a sus tesis. El acusado pidió disculpas y rebajó sus cabeceos de desaprobación. A un metro de él, su exmujer se mostró mucho más calmada que en las primeras sesiones. Por primera vez veía a rostros conocidos en la sala (su vecino y su jardinero) y solo se emocionó en un par de ocasiones en las que los testigos describieron la situación en la que se encontraron al cuerpo de Asunta.

Protector con el jurado

El juez Cid, que se ha mostrado premeditadamente flexible en las sesiones de los interrogatorios a los acusados, también aprovechó esta primera jornada con testigos para marcar las líneas de juego, especialmente a los dos letrados defensores. Desde el comienzo de la vista hace una semana se ha mostrado muy protector con el jurado, pero también intenta que los que asisten a declarar se sientan amparados por su figura, de ahí que en muchas ocasiones dé por contestadas preguntas si alguna de las partes es demasiado insistente. Y también ha advertido a los abogados que eviten «hacer menciones constantes en sus preguntas» a las declaraciones de la instrucción, a riesgo de que acaben contaminando el juicio.

El hermano de Vázquez Taín

«¿Quién dirigía en el momento de los hechos el departamento de la Facultad de Económicas en el que usted trabaja?». La citada cuestión también llamó la atención del presidente del tribunal («¿a dónde quiere llegar?») que no entendió que Gutiérrez Aranguren quisiese saber un detalle así por boca de Xoán Ramón Doldán, un docente universitario que declaró en la comisaría compostelana haber visto en la tarde del 21 de septiembre a una «adolescente de rasgos asiáticos», sin poder determinar si se trataba de Asunta. Al abogado coruñés le pareció llamativo el hecho de que al frente de este departamento universitario estuviese Miguel Vázquez Taín, hermano del juez que estaba instruyendo el caso. Doldán acabó su testimonio, de escasa relevancia, asegurando que esta circunstancia no le había influido «para nada».

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