La Xunta recupera la concesión del Monte do Gozo tras su fiasco

Rescinde el contrato con Hotusa dos años antes de que finalizara

La maleza invade buena parte de los pabellones y los indicadores del complejo jacobeo.
La maleza invade buena parte de los pabellones y los indicadores del complejo jacobeo.

santiago / la voz

El Monte do Gozo, el macrocomplejo que ocupa 650.000 metros cuadrados que en su día fueron expropiados, vuelve a estar en manos de la Xunta 22 años después de que se privatizara su gestión. El Gobierno gallego y la firma que explotaba el recinto, Estrela de Santiago, una filial del grupo catalán Hotusa, decidieron rescindir el contrato con dos años de antelación sobre la fecha prevista debido al estado calamitoso de buena parte de las instalaciones y, sobre todo, a que su explotación se ha convertido en un negocio ruinoso que Hotusa no parecía dispuesta a mantener por más tiempo.

El Monte do Gozo está ahora mismo bajo el paraguas de la Sociedade Anónima de Xestión do Plan Xacobeo, dependiente de la Xunta, que trabaja en varios frentes, junto con la Axencia Galega de Turismo, para poner en valor en complejo con el fin de darle una utilidad que le permita recuperar la buena imagen que tenía en la primera mitad de los años noventa del siglo pasado.

De poco valió que la empresa subcontratada por Hotusa para gestionar el recinto se llamara Estrela de Santiago, pues si algo le faltó al Monte do Gozo en todo este tiempo fue eso, buena estrella. En realidad nunca funcionó bien, salvo algunos destellos mostrados con el Xacobeo de 1993, incluso en el de 1999. Actuó como una infraestructura eficiente para macroactos puntuales, como algún que otro concierto o la jornada mundial de la juventud convocada por el Papa Juan Pablo II en 1989, pero le haría falta albergar un evento de este tipo cada mes para que realmente fuera rentabilizada.

Es más, el Monte do Gozo se convirtió ya en un gran fiasco mucho antes de la Administración acabara de pagar las indemnizaciones correspondientes por las expropiaciones de terrenos realizadas en la zona, pues dos décadas después de que se construyera el complejo, las reclamaciones seguían deambulando por los juzgados.

Al ralentí

El complejo situado al borde del Camiño Francés, a las afueras de Santiago, fue concebido en su día con una equipamiento gigantesco en previsión de que llegaran a Compostela avalanchas de visitantes que había que acomodar. Fue la respuesta dada a finales de los ochenta por la Xunta a la previsible masificación de las rutas jacobeas. Ciertamente las rutas, especialmente el Camiño Francés, ganaron peregrinos año tras año, mientras Santiago está registrando cifras históricas de caminantes, 238.000 el ejercicio pasado. Pero el Monte do Gozo no fue capaz de subirse al carro de los éxitos jacobeos. Pese a que entre sus instalaciones cuenta con un auditorio y un lago, aparte de un cámping, un albergue de peregrinos y un hotel de tres estrellas, llamado Ciudad de Vacaciones, todas las instalaciones funcionan al ralentí con la maleza devorando los edificios. De su treintena de pabellones, solo tres estaban operativos para recibir a los visitantes.

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