El fin de la renta antigua afectó a pocos locales pero de una gran tradición

El último negocio que tiene que echar el candado es la vinoteca O Beiro, tras 85 años de historia

La vinoteca O Beiro adquirió fama gracias a la moderna gestión de Pepe Beiro y su hijo José.
La vinoteca O Beiro adquirió fama gracias a la moderna gestión de Pepe Beiro y su hijo José.
la voz

Cerca de una decena de locales sufrieron los efectos del fin de la moratoria de las rentas antiguas. El impacto no fue relevante, aunque afectó a establecimientos significativos del centro de Compostela. El último caso, que deja honda huella en la historia hostelera de la ciudad, es el cierre de la vinoteca O Beiro, previsto para el 13 de octubre al no llegar a un acuerdo el titular del negocio con los propietarios del local. Con el adiós del Beiro se esfuman 85 años de historia.

Pero, antes, los problemas o desacuerdos en las rentas hicieron desaparecer del mapa del casco histórico establecimientos con raigambre como Bazar de Villar, droguería Labarta o calzados Severino. La clausura de estos locales se unió a la de otros por circunstancias distintas como Olmedo o Viriato (antigua chocolatería Raposo) que tiene ya detrás a otra firma. «Es que varios de los locales que cerraron reabrieron con otras actividades», señala el gerente de Compostela Monumental, José Ángel Blanco.

La agrupación de comerciantes del casco histórico está satisfecha con el bajo impacto de la eliminación de la moratoria de las rentas antiguas, y aclara que ese resultado es consecuencia del asesoramiento jurídico gratuito de la asociación a los empresarios afectados. Un asesoramiento llevado a cabo con cuatro años de antelación para alcanzar acuerdos con los propietarios.

Compostela Monumental tuvo en sus manos en torno a cuarenta casos de comerciantes con rentas antiguas, y los acuerdos alcanzados redujeron los cierres a menos de una decena de casos, según apunta la agrupación. José Ángel Blanco resalta que en el casco viejo el local de mayor tamaño que tuvo que cerrar es el Bazar de Villar, aunque es un caso no similar del todo porque había un contrato de 25 años por medio.

Su propietario, Manuel Villar, va más allá de las rentas al glosar los cierres de negocios tradicionales: «En el casco antiguo apenas vive gente en los pisos, y debajo lo que puedes montar son negocios para turistas. Si no hay clientela para los comercios tradicionales, no pueden existir». Aboga por la implantación de una gran empresa dinamizadora.

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