En este lustro el Obradoiro no ha dado un salto espectacular, y quizás ese sea su mejor valor. Ha sabido construir el proyecto a partir de la humildad y, lo que es más importante, ese discurso es asumido y compartido por todos los estamentos. Dirigentes, técnicos, jugadores y aficionados sintonizan la misma frecuencia en el dial del día a día. Conocen lo que cuesta cuadrar el presupuesto y el equipo. La grada entiende esa tesitura, que no es fácil, sobre todo cuando en cuatro años el presupuesto para la plantilla y el cuadro técnico ha bajado en 900.000 euros. Valora y disfruta de la presencia en la Liga Endesa. Lo que tiene el club se lo va ganando a pulso, sin mantos protectores que allanen el camino.
Hace cinco años eran más las expectativas que las certezas. Hoy ya no hay que explicar desde cero qué es el Obradoiro cada vez que el club sale al mercado de fichajes. Son muchos los jugadores que han relanzado su carrera en Compostela, y precedentes como los de Hummel o Muscala no pasan inadvertidos. De hecho, han ayudado lo suyo a que Tyler Haws esté en el punto de mira con posibilidades de recalar en Sar. El club hace frente a sus compromisos económicos. Y quiere dar un salto de calidad a su cantera.
El Obradoiro se está manejando mejor en las grandes causas que en los pequeños detalles. Y no consigue tomar impulso en el capítulo de los ingresos atípicos, el que podría abrirle las puertas a un salto de calidad. Pero avanza, que no es poco. Ni fácil.