La cultura gallega recuerda en Santiago al «mestre do galeguismo»

Una placa conmemora en la rúa Xelmírez el centenario de Ramón Piñeiro

la voz

La figura de Ramón Piñeiro recobró actualidad ayer como «mestre do galeguismo» con ocasión del centenario de su nacimiento. Aunque natural de Láncara (Lugo), el intelectual y político galleguista fijó su residencia en Santiago a mediados del siglo pasado y fue justamente en ella, en el número 15 de la rúa Xelmírez, propiedad de la familia García-Sabell, donde las instituciones más representativas de la cultura de Galicia, la Xunta y el Concello se dieron cita ayer para homenajearlo en un acto convocado por el Ayuntamiento y la Secretaría Xeral de Política Lingüística.

Primer presidente del Consello da Cultura Galega, miembro de la Real Academia Galega, cofundador de la Editorial Galaxia y de la Fundación Penzol, la memoria de Piñeiro reunió a los representantes de todas ellas en lo que fue una ocasión para poner en valor su figura y los encuentros en torno a su ya mítica mesa camilla en la que «tantos homes e mulleres se formaron» y que supuso una «pegada imborrable» en la construcción «do futuro de Galicia e da cultura galega», indicó Víctor F. Freixanes, director xeral de Galaxia, después de que Salvador-García Bodaño, hijo adoptivo de la ciudad, al igual que Ramón Piñeiro, introdujese el acto con la lectura de un poema propio.

Desde ese inmueble que desde ayer lo recuerda con una placa, «esa atalaia e centro de peregrinación de boa parte da elite cultural galega na segunda metade do século XX», uno de los «símbolos destacados do noso galeguismo», Piñeiro «axudou a recuperar na longa noite de pedra da posguerra a conciencia da singularidade galega», añadía el alcalde en funciones, Agustín Hernández, después de que el director de la Fundación Penzol, Francisco Domínguez, recordase también a quien fue «un dos grandes sementadores da nosa identidade como pobo» y su implicación con «un labor teimudo, constante e esperanzado na construción dun país máis dono de si». Un «cidadán heroico», en palabras de Xesús Alonso Montero. El presidente de la Real Academia Galega rememoró a Piñeiro como un «Sócrates redivivo» que «axudou» a muchos jóvenes a salir de aquella «estreitez ética e cultural» do franquismo a través de la cátedra que «sen títulos académicos, sen amigos poderosos e sen signos externos rechamantes instalou en 1951 en Santiago coa sobriedade dun sabio antigo» y desde la que, «suscitando incomprensión en moitos, envexa en algúns, sospeita nos que mandaban e desconcerto en case todos, exerceu de concienciador sinxelo, constante, entregado, eficaz».

El vicepresidente del Consello da Cultura Francisco Díaz-Fierros recuperó también para la memoria colectiva la lucha de Ramón Piñeiro en los primeros tiempos de esa institución para asegurar su independencia de los poderes públicos. Y como su primer presidente, refirió, no solo dejó «un labor recoñecido» sino un «amplo grupo de persoas no que, por riba das súas ideoloxías e crenzas, existía un proxecto común e ilusionante comprometido coa defensa e promoción da cultura galega».

Y como «referente na historia contemporánea de Galicia» lo situó el conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, después de que Xulián Parga hiciese público el agradecimiento de la familia del intelectual fallecido en Santiago en 1990. Más allá de su intensa actividad «no eido político e cultural», Rodríguez también lo identificó como un «referente e símbolo dun espírito integrador, xeneroso e respectuoso». Un espíritu «que sempre tentou sumar e non restar e que debe ser rescatado», dijo del reconocido galleguista, a quien el alcalde en funciones señaló como «unha desas personalidades que fan de Compostela unha cidade con fonda raizame cultural e política».

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