El abandono pasa factura a la arquitectura religiosa en Negreira

El campanario de Covas o la capilla del pazo de Xallas sufren graves daños

El campanario es una pieza singular en Barcala, y la capilla privada está en estado de abandono.
El campanario es una pieza singular en Barcala, y la capilla privada está en estado de abandono.

negreira / la voz

La espadana de Covas, del siglo XVIII y situada encima de un torreón de piedra cuadrangular, conformada por tres manchones, entre los que hay dos huecos con arco de medio punto y un frontón triangular cerrado, es sin duda una de las joyas de la arquitectura religiosa de la comarca de Barcala. Sobre todo porque pocos campanarios están emplazados en un alto y separados del templo como sucede en este caso para lograr una mejor sonoridad de sus campanas. Sin embargo, su estado de conservación es pésimo, sin que Patrimonio actúe para salvaguardarlo.

Basta acercarse un poco para comprobar cómo la puerta de madera está destrozada, la maleza invade sus paredes, o las dos campanas corren serio riesgo de desprenderse por la falta de mantenimiento en su sujeción por los hierros oxidados y una madera desgastada. Sin contar con el feísmo urbanístico alentado por bloques de hormigón pegados al campanario.

El de Covas, uno de los dos ejemplos únicos de campanarios independientes de la iglesia que existen en el Val de Barcala, junto al vecino de San Cibrán, no es el único caso de arquitectura religiosa dañada por su falta de conservación. En la parroquia de San Pedro de Xallas, la capilla anexa al pazo -ambos son de propiedad privada- tampoco se ha librado del deterioro hasta el punto de que lo último en desprenderse ha sido su campana, después del derrumbe de su tejado, mientras la maleza lo inunda todo.

La capilla fue levantada a finales del siglo XIX en la aldea de Xallas de Abaixo, anexa a la casa señorial o pazo, también en un estado muy deteriorado. Fueron alzadas con los materiales procedentes de una antigua fortaleza arzobispal, la Torre de Xallas, de la Mitra Compostelana y derribada por los Irmandiños en el siglo XV. Dentro de la capilla se guardaban dos piedras armeras que pertenecieron a los linajes familiares y que se cree quedaron sin colocar cuando se construyó esta edificación con forma de cuadrilátero, de 7,50 metros de largo y 4,40 de ancho, con la fachada y acceso hacia el norte, y el ábside hacia el sur. Las piedras armeras coinciden con las existentes en la fachada de la casa de Mazacáñamos, sita en el municipio de Noia.

Antiguamente, en el retablo de la capilla que cubre toda la pared del absidal, también se guardaba una singular talla de la Sagrada Familia, además de otras imágenes, siendo un retablo de un solo cuerpo y con tres calles.

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