El mal estado de la Alameda lesiona de gravedad a los atletas

El deterioro de los paseos impide practicar el «running» sin riesgo


santiago / la voz

El mensaje de que se debe practicar ejercicio físico para garantizarse una vida saludable está calando cada vez más en los compostelanos, y buena prueba de ello es el elevado número de personas que cada día acuden al parque de la Alameda para correr. Incluso ayer, con chubascos intermitentes de nieve y una temperatura de no más de tres grados, las pistas del parque estuvieron muy concurridas durante toda la mañana. Sin embargo, la Alameda no reúne las mínimas condiciones para la práctica del running.

«Hace muchos años se arregló el paseo da Ferradura, pero echaron un cemento que ha desaparecido en varios sitios», explica Pedro Nimo, campeón de España de cross. «Para evitar la escorrentías, en el paseo se echó cemento para sujetar el suelo», pero el tiempo y la acción del agua han hecho que estas placas de cemento hayan dado lugar a socavones, que son trampas para los atletas. Junto a los enormes baches que pueden verse tanto en el paseo dos Leóns como en el paseo da Ferradura, la cuesta de Santa Susana es una auténtica tortura para los corredores. «Hay un ejercicio que realizan los atletas para fortalecer que consiste en hacer cinco cuestas y cinco transferencias, que se hacen precisamente en la cuesta de Santa Susana y en el paseo dos Leóns» pero, debido a su mal estado, es un riesgo para el corredor. Nimo reconoce que la Alameda no es un espacio pensado para los atletas, pero «por ahora es el único que hay. Y después de un tiempo se había conseguido un equilibrio entre los que vienen a correr, los que vienen a pasear y los que vienen con los perros», pero el estado del parque hace muy difícil la práctica deportiva.

En las últimas semanas, varios atletas han sufrido lesiones graves. Una de las peores fue la de Domi Agrafojo, que tiene rotura de peroné. «Le entrenaba yo y, de repente oí un grito, me temí lo peor. Tiene para tres meses», comenta el campeón compostelano. Pero hay muchos más casos, una chica se rompió la tibia, y esguinces hay muchos.

A las dificultades por los socavones se une el peralte del terreno, que hace que los corredores fuercen un lado del cuerpo al correr. Nimo corre en la Alameda desde que tenía 16 años y aseguro que «nunca estuvo tan mal. No entreno solo en la Alameda, hago 600 kilómetros al mes, pero en la Alameda debo tener unos 20.000 kilómetros a lo largo de toda mi vida», comenta. Si las irregularidades del terreno son un problema, la falta de luz se alía para provocar caídas de los atletas. Una sugerencia de Nimo es que, «una vez superado el botellón» no tiene sentido seguir «cerrando el paseo da Ferradura por la noche, porque la gente viene a correr antes de ir a trabajar y por la noche» y «no hay otro sitio para hacerlo en Santiago».

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