La acción del Consorcio no impide que el casco histórico pierda habitantes

En sus veinte años de vida ha crecido el parque de viviendas y la rehabilitación, pero bajó la población

la voz

El Consorcio de Santiago comenzó a actuar desde el año 1993 con el objetivo de rehabilitar y revitalizar el casco histórico, es decir, de asentar y acrecentar el vecindario. Veinte años después, los datos oficiales reflejan una extensa política rehabilitadora y un aumento del parque de viviendas. Pero la población ha descendido en el ámbito del Plan Especial.

A tenor de los últimos datos que obran en poder de la Administración compostelana, entre 1993 y el 2013 se constata un descenso de la población en 1.226 personas. Es decir, hay un 9,75 % menos de residentes desde que el Consorcio inició su actividad (12.567).

Por aquel entonces existía en el centro histórico un parque de 2.660 edificios residenciales y un total de 6.971 viviendas. Los edificios son ya 2.900 (un 11,27 % más) y las viviendas 7.575 (un 8,7 % más). El incremento corresponde a la construcción en las piezas urbanas libres del centro histórico, sobre todo en su periferia. Varias de las edificaciones llevan la firma de José Otero Pombo.

Lo paradójico es que la nueva planta residencial no ha deparado un aumento de personas. Esto es, hay más recursos para fijar población, pero menos habitantes. Las políticas del Consorcio han supuesto una inversión estimada en más de 60 millones de euros que, a la vista del dato demográfico, no han ofrecido el resultado apetecido. Por lo demás, las 992 viviendas vacías que existían en 1993 pasaron a 1.012 (un 0,30 % más).

Negocio turístico

Según fuentes administrativas, se ha producido una sustitución de habitantes originales hace unos años por gente con dinero, pero en estos últimos años ni siquiera compran los potentados.

Los factores que inciden en el proceso regresivo van más allá de las consabidas restricciones del casco viejo o las unidades familiares, según expertos en la materia, y uno de los aspectos que obran en este descenso está en los cuatro millones de visitantes anuales que se traducen en avidez de negocio y en expectativas de conversión del uso de vivienda en residencial colectivo o apartamentos turísticos. Eso sirve para albergar visitantes, pero no residentes.

Otro aspecto incidente es la falta de políticas de incentivación residencial en el casco histórico que movilice las viviendas desocupadas o abandonadas. Negativo se considera también que el Plan Xeral dé vía libre a 38.000 viviendas en la periferia en lugar de concentrar las energías en regenerar el centro urbano, y no solo el casco histórico.

Otro factor que según los expertos causa un impacto negativo en ciertas áreas del casco histórico es el texto de la ordenanza de ruidos a la hora de atajar la acústica en las zonas de locales que «hace invivibles las viviendas que están encima».

Las citadas fuentes consideran que la reforma del Plan Especial puede ser aprovechada para asentar políticas que beneficien la revitalización del casco histórico y detengan la fuga de gente.

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