Compostela se viste de boutique

En dos años, abrieron en el centro más de una decena de firmas alternativas

j.c.
santiago / la voz

Las personas, como seres sociales, reciben en su mayoría con júbilo las invitaciones a bodas, bautizos, comuniones, graduaciones y eventos varios veraniegos. Preparan su gran entrada con mimo y dedicación. Pero la fiesta se agua cuando otro asistente -generalmente del que no se conocía ni su existencia- copia el modelito que tantos rompederos de cabeza dio. Se busca marcar la diferencia empezando por el armario, pero comprando en las grandes cadenas se antoja, cuanto menos, complicado.

Para ayudar a lograr un estilo irrepetible, desde el 2012 han abierto en el centro de Santiago múltiples tiendas que ayudan con sus colecciones alternativas a que el cliente no sienta que sale a la calle en uniforme. «Desta cazadora só teño catro unidades», explica Mónica de Castro, la dependienta de Ondas, que abrió el pasado noviembre. Esta firma gallega con central en Cambados y presencia en Vilagarcía, Ourense y Pontevedra, apuesta por productos que van de los 3 euros de unos pendientes a los 40 del calzado o de un mono transparente, el hit de esta temporada. Mónica cree que es vital el ajuste de precios, ya que «rodéanos Pili Carrera, Stradivarius, Purificación García... e é a única forma de introducirnos». Asegura que la acogida fue «inmellorable» y, gracias a los turistas, su ropa viaja hasta Italia o Portugal.

A finales del 2013 también debutó Collet, un pequeño local escondido entre las terrazas de la praza Roja. En este caso es una cadena de la marca Jockey que se inició en Sanxenxo, villa más que prolífica en boutiques. Detrás del mostrador, Cecilia Calvo achaca la fidelidad de sus clientes a que «quieren asesoramiento». «Vienen y nos piden que les vistamos de arriba a abajo, y eso en los imperios de la moda no lo tienen», indica. Los precios se adaptan a una tienda media, desde camisas por 16 a vestidos de fiesta por 100 euros, lo más caro. El servicio de personal shopper va de regalo.

Otra cosa buena del boom de estos comercios es la solidaridad de sus dueños con los diseñadores locales. Los cestos, bolsos y pequeñas piezas de joyería de Simplemente Lúa los hacen artesanos de Compostela, cuya crisis convirtió su profesión en un suplemento a su sueldo en otro trabajo. La Maleta de Bel, en la futura rúa peatonal Carreira do Conde, expone las camisetas gallegas de Buenachica, con frases como «Si no viene recurre al plan ve» o «Cassette conmigo», por 24,95 euros. ¿Cómo resistirse a comprar una prenda diferente y además ayudar a tu vecino?

La estética de los locales es similar. Paredes blancas, lámparas de araña, aire romántico y colores pastel entre sus maniquíes, que lucen ropa a un precio razonable. También apuestan por pailletes, tules y lazos para convertir a la clienta en una princesa, ya que por ahora los chicos solo pueden comprar para regalo.

Las hadas madrinas de los establecimientos dicen que la gente está harta de cuentos made in China que hacen coincidir en outfit. Y las comparaciones son odiosas. La búsqueda de algo diferente para un cumpleaños llevó a Rosana de la planta de perfumería de El Corte Inglés a abrir este verano su propio negocio en la rúa de San Pedro. En Petra, colgó todo un zoológico de animales estampados en bohemias camisetas.

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