Lavacolla sigue sin despegar tras dos años con la nueva terminal

Compensa su caída de tráfico con su récord de viajeros internacionales

<span lang= es-es >El Aero Club</span>. La maleza amenaza unas instalaciones deportivas sin uso ni plan alguno de recuperación.
El Aero Club. La maleza amenaza unas instalaciones deportivas sin uso ni plan alguno de recuperación.

santiago / la voz

Los pasajeros que el 13 de octubre del 2011 estrenaron la apertura de la nueva terminal de Lavacolla en el vuelo de las 7 de la mañana a Madrid no podrían repetir hoy aquella experiencia. El recorte de frecuencias, que entre otras se ha llevado por delante la conexión matutina de Santiago con la capital, es tal vez la metáfora que mejor resume estos dos primeros años de actividad de un aeropuerto colosal, pero que en este tiempo no ha sido capaz de dar solución a las incertidumbres que ya planeaban sobre su apertura.

El destino de la vieja terminal sigue siendo una incógnita, mientras el aeródromo militar continúa desaprovechado. Y el nuevo Lavacolla, concebido para alcanzar los 4 millones de pasajeros y competir con Oporto, permanece inmerso en una profunda crisis de tráfico en la que solo su despegue internacional aporta un rayo de luz. En octubre pasado, tuvo 44.000 viajeros menos que en el mismo mes de hace dos años, cuando acumuló 214.084 clientes en la transición entre la vieja terminal y el flamante nuevo edificio. Además de perder al 20,4 % de los usuarios, las instalaciones que desde su estreno han sido comparadas con la T4 madrileña sufren un goteo de frecuencias a Madrid y Barcelona, principalmente, a raíz del repliegue aplicado por Ryanair coincidiendo con la subida de tasas aeroportuarias. Pero también merman las operaciones y las plazas. Lavacolla registrará en esta temporada de invierno un 6,6 % menos de operaciones que en la anterior, con una caída en la oferta de plazas del 3,8 %.

El aeropuerto cerrará otro año negro, con poco más de 2 millones de pasajeros. La nueva terminal no ha frenado ese declive de tráfico. De hecho, el 2011 fue su último ejercicio en positivo, con un crecimiento de tráfico del 13,4 %. Tras retroceder un 10,9 % el año pasado, este cerrará con una caída que rondará el 5 %. Este panorama incierto se agrava con las dudas sobre el futuro a partir de enero de las conexiones de Ryanair con Londres y Fráncfort. Aunque no todas son malas noticias. A falta de cerrar los datos de noviembre y diciembre, el 2013 ya tiene su propio hueco en la historia de Lavacolla como el año con más viajeros al extranjero. Las rutas internacionales acumulan en 10 meses 311.140 usuarios, pulverizando la marca del 2007, cuando registró 296.059 en todo el año. Y de cara a la temporada estival Vueling ha confirmado nuevas conexiones a Roma y Bruselas.

Instalaciones sin solución

Al margen de la explotación de la nueva terminal, el resto de instalaciones vinculadas al aeropuerto adolecen todavía de una solución. El caso más flagrante es el de la vieja terminal, convertida en fuente de rumores periódicos que no van más allá. Pero tampoco hay respuestas para poner en valor el aeródromo militar, donde Defensa tiene previsto bajar la persiana antes del 2017 y que se mantiene como base para los hidroaviones de extinción durante la temporada de incendios. Finalmente, las dependencias deportivas del Aeroclub solo acogen maleza sin que nadie lo remedie.

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