El fin de una familia «para toda la vida»

El espeluznante crimen de Asunta conmueve a toda España, que ha vivido con indignación y asombro el desarrollo de una investigación llena de giros y sorpresas


REDACCIÓN /LA VOZ

El pasado sábado día 21, a las nueve de la noche, Asunta Basterra Porto, una niña de origen chino de 12 años de edad, falleció después de que alguien le cortara la respiración, probablemente presionando su rostro con una almohada. La víctima ni siquiera fue consciente de lo que estaba pasando, porque había sido previamente drogada con una benzodiazepina. Por si acaso, su asesino la ató de pies y manos y aplicó en la almohada otra sustancia todavía por determinar para acelerar su macabro objetivo. Unas pocas horas después, entre las 0.30 y la 1.15 del domingo, su cuerpo era abandonado en la cuneta de una pista cercana a Cacheiras, en el concello de Teo. El primer viandante que pasó por allí, en este caso una pareja, encontró el cuerpo, dio parte a la Guardia Civil y puso en marcha una investigación que durante esta semana se ha convertido en el principal recurso de todos los informativos de un país conmocionado.

Asunta había pasado de no tener nada a conseguirlo todo. De ser Yong Fang, un bebé de incierto futuro en un orfanato chino, a convertirse en Asunta, niña adoptada por una prominente familia de la capital de Galicia, nieta única de una acomodado matrimonio de profesionales: un destacado y veterano abogado y una profesora de Historia del Arte en la USC; hija única de un periodista y una abogada con nombre, despacho y la distinción de ser cónsul honoraria de Francia. Así que Asunta respondió abriéndose como una flor: cariñosa, talentosa, inteligente, sociable. Practicaba ballet, tocaba el piano, estaba en un curso por encima de su edad en uno de los mejores institutos de Santiago... ¿Cómo imaginar que acabaría sus días en una cuneta, vestida con un chándal de andar por casa, con el que no hubiera querido que nadie la viera en vida? ¿Cómo pensar que el destino, que se había mostrado tan generoso, le tenía preparado este giro fatal?

Sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra, son los presuntos autores del crimen. Así lo cree la Guardia Civil y el juez Vázquez Taín, quien el viernes por la tarde los envió a prisión bajo la imputación de homicidio y posible asesinato. Es una conclusión de las pruebas que se han ido recogiendo a lo largo de toda la semana, de las explicaciones que ha ofrecido la pareja frente a esas evidencias que nos han horrorizado a todos.

La primera versión

La versión de Rosario Porto, que ha sido refrendada por Alfonso Basterra, separados desde hace más de un año aunque con una relación fluida por la atención hacia su hija, es que Rosario abandonó el domicilio que compartía con Asunta la tarde del sábado para hacer unos recados dejando a su hija sola en casa haciendo los deberes. Regresó a las nueve y media de la noche y se encontró la casa cerrada con llave, con la alarma conectada y sin Asunta. Llamó a Alfonso, ya que esperaban cenar los tres, pero no sabía nada de la niña. Y acudieron a comisaría con unas fotos de Asunta. Esta primera declaración está datada a las 22.31.

En ese momento, cuando comenzó el operativo para buscar a la niña, algo empezó a ir mal para la credibilidad de la pareja. Rosario incluyó en su declaración un episodio según el cual hace un par de meses un individuo habría entrado en su domicilio después de que ella olvidara las llaves en el paño de la puerta. Dijo que sorprendió al hombre, que calzaba unos guantes de látex, intentando ahogar a la niña con una almohada. Ella gritó, intentó atraparlo, pero el desconocido logró escapar. Del asalto no dio parte en aquel momento, únicamente se lo comentó a una vecina para evitar traumas a la niña.

Pocas horas después, con la localización del cadáver y el arranque de la investigación, aparece un elemento clave: un cordón naranja, aparentemente idéntico al que la policía judicial hallará ese mismo día en la casa de Teo propiedad de la familia, a pocos kilómetros del lugar donde apareció el cuerpo. Las primeras informaciones hablan ya del círculo más cercano a la malograda Asunta.

Mientras, los rostros de Rosario y Alfonso se multiplican en los medios. Todos tienen imágenes de archivo de una abogada con una intensa vida social. La adopción de Asunta, en pleno bum de las adopciones internacionales, los llevó incluso a protagonizar reportajes y entrevistas sobre el fenómeno, el compromiso de ser padres. «Para toda la vida», dice ella desde el archivo.

El lunes, el trabajo de revisión de las cámaras de seguridad da resultado y aparece Asunta en una grabación tomada cerca de la estación de tren, a una hora en la que supuestamente estaba sola en casa o ya desaparecida, dentro de un vehículo en dirección, tal vez, a Teo. El coche lo conduce Rosario Porto. La Guardia Civil espera a que finalice la ceremonia de cremación, celebrada el martes por la mañana, para detenerla. La noticia conmociona a toda España.

Dos imágenes perturbadoras

Al día siguiente, dos imágenes mantienen la perturbación general: Rosario, en el teleobjetivo, entrevista por las hojas de los árboles de su finca, fuma y sonríe envuelta en un abrigo de piel mientras los investigadores registran la propiedad durante horas. Por la tarde, Alfonso, detenido y también imputado.

Mientras media España se pregunta quién puede matar a un hijo, la investigación apunta hacia un móvil económico: la herencia familiar. Pero, hasta el momento, solo se sabe que el testamento del padre, Francisco Porto, deja como heredera a Rosario de un importante legado, sobre todo en propiedades inmobiliarias.

Una semana de investigación, registros y declaraciones ha llevado a la Guardia Civil a concluir que Asunta fue drogada la tarde del sábado y trasladada a la finca de Teo por su madre. Allí se consumó el crimen, probablemente a manos de alguno de los dos, para transportarla luego hasta la pista forestal donde fue hallada. Pero ninguna de las evidencias que los señalan ha cambiado las declaraciones de Rosario y Alfonso. Solo la irrefutable imagen de la cámara de tráfico ha conseguido variar la versión de la madre, que ahora sí admite haber llevado a la niña a la finca, pero que la había dejado luego en el domicilio de Santiago. Casi nadie la cree. Y la pregunta retumba en miles de cabezas: ¿quién puede matar a un hijo?

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