¿En qué se contradijo la madre?

Rosario Porto ha incurrido en vaguedades en su relato de cómo desapareció su hija


santiago / la voz

El relato de los hechos que Rosario Porto ofreció a la policía sobre cómo había desaparecido su hija, la pequeña de 12 años Asunta Basterra, levantó sospechas desde el inicio de la investigación. Su testimonio ha incurrido en contradicciones y vaguedades que han provocado su detención ayer como principal sospechosa del homicidio de su hija.

¿Qué hizo la madre el día de la desaparición?

Rosario Porto ha declarado que el sábado 21, a una hora que no determina en su denuncia ante la policía, dejó a la niña en el domicilio familiar de la calle Doutor Teixeiro del centro de Santiago para que hiciese los deberes. Ella asegura que fue a hacer «unos recados», pero tampoco ha dado muchos detalles sobre esas gestiones. Una portavoz de la familia apuntó que fue a comprar unos bañadores, pero los investigadores han hallado vago su relato y le han dado poca credibilidad. La ahora detenida asegura que fue a las 21.30 horas cuando regresó a casa y que la niña ya no estaba.

¿Era normal que la niña se quedase sola en casa?

En absoluto. Los amigos y allegados de Rosario Porto coinciden todos en describirla como una mujer que jamás dejaba sola a su hija, a la que incluso iba a buscar al instituto, o encargaba esta tarea a otras personas, pese que está a escasos metros del domicilio. Por eso a los investigadores les resulta tan extraño que aquel día no solo la dejase en casa tanto tiempo, sino que tampoco la llamase en ningún momento por teléfono para ver qué tal se encontraba. Esta falta de preocupación choca frontalmente con la personalidad de la madre, que controlaba al extremo la vida de su hija.

¿Era habitual que Asunta saliese sola de la vivienda familiar?

Desde el primer momento, Rosario Porto ha querido hacer ver a la policía que su hija abandonó ella misma la casa y que debió de ser en la calle donde alguien la secuestró o la trató con engaños para matarla. Para reforzar su versión de los hechos, declaró en comisaría que cuando se marchó del piso no cerró la puerta con llave porque la niña quedaba dentro, pero que cuando volvió a las 21.30 horas la puerta no solo estaba cerrada con llave, sino que la alarma había sido conectada, lo que solo sería posible si Asunta hubiese abandonado la casa por su propia voluntad. ¿Fue al encuentro de un amigo o a casa de su padre para cenar? Los investigadores dan poca credibilidad a esas posibilidades, dado que la pequeña fue hallada muerta con ropa de estar por casa, un chándal, y porque su móvil estaba en casa. Es decir, que si decidió salir no lo llevó con ella, algo que parece sorprendente en una niña de 12 años. La propia Porto admitió a la policía que Asunta nunca salía sola de casa y que solamente le había autorizado a hacerlo durante las pasadas fiestas de la Ascensión, cuando le permitieron ir con una amiga, pero le impusieron como hora de regreso las 20.30 horas.

¿Por qué es determinante la grabación de una cámara de seguridad?

Es la principal prueba que hasta el momento tiene en su contra Rosario Porto. En el vídeo aparece ella en un coche acompañada por su hija a una hora a la que se supone que o la niña ya habría desaparecido o tendría que estar en casa y ella haciendo esos recados que afirma fue a hacer. Una cámara captó esa escena en la tarde del sábado a una hora que no coincide con lo declarado por la mujer. Además, el vehículo estaba en una de las salidas de Santiago hacia Teo, precisamente el concello en el que en la madrugada del domingo, a la 1.15 horas, fue hallada la pequeña muerta y tirada en la cuneta de una pista forestal de Cacheiras. Y precisamente también en el municipio en el que Rosario Porto tiene una gran casa con finca que está situada a escasa distancia del lugar en el que apareció su hija.

¿Contó la detenida antes la historia del intruso con guantes de látex?

La historia que Rosario Porto contó el día en que puso la denuncia por la desaparición de su hija es rocambolesca y los investigadores entienden que intentaba hacer ver que alguien quería hacerle daño a su hija. Si ya es raro que se dejase las llaves puestas, mucho más resulta que no las echase en falta para cerrar con llave antes de irse a dormir. El que el hombre fuese a atacar a su hija y por eso ella gritó también parece extraño y el que ella incidiese en que llevaba guantes de látex parece un relato construido para justificar la ausencia de huellas. Pero lo menos creíble de todo es que aquella noche no llamase a la policía, que no presentase denuncia y que no se lo comentase a sus amigos, como ayer mismo admitió una íntima de ella que actuó como portavoz familiar.

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