Boimorto deja todo a punto para abrir hoy a la multitud que seguirá el Festival de la Luz

El trabajo a contrarreloj y los primeros campistas marcaron la jornada de ayer


arzúa / la voz

Javi y María, de A Coruña, se quedaron el año pasado sin ver a Manolo García en el Festival de la Luz. El concierto se suspendió, pero ellos, como la recaudación era para una causa solidaria, decidieron acercarse igual a Boimorto en lugar de devolver las entradas. No se arrepienten. De hecho, ayer a primera hora de la tarde descargaban el coche para acampar en un recinto con espacio para más de 2.000 tiendas de campaña. Fueron de los primeros en llegar. «No tenemos ningún grupo que nos vuelva locos, pero hay muy buen ambiente y la organización es de diez», cuenta ella, a quien el año pasado le llamó la atención «ver a señoras limpiando los baños de madrugada».

Y es que la limpieza «é continua dende que se abren ata que se pechan as portas», cuenta Silvia, empleada del Concello y encargada de coordinar a los voluntarios que se encargarán de que el recinto esté como una patena. Como Javier, que llevará el control de un aparcamiento para hasta 8.000 vehículos. Ayer daba instrucciones a un joven de Melide que se encargará de cobrar la entrada: 3 euros por estacionar un solo día y 5 euros todo el fin de semana.

Fue de los primeros voluntarios en aportar su grano de arena. Si la expresión fuese literal, Boimorto sería un kilométrico arenal. Todo el mundo colabora de alguna manera. Yoli aportó conejos y gallinas a la granja que se acondicionó «no que era a eira» de la casa familiar de Luz Casal para deleite del público infantil. Porque cuentan con su propio espacio dentro del recinto que hoy abrirá sus puertas y en el que ayer decenas de operarios apuraban el montaje de las instalaciones. Como Xoán, encargado de la huerta con la que Gadis, una de las firmas patrocinadoras, mostrará a los asistentes cultivos propios del campo gallego.

Responde a la filosofía del festival, que además de buen cartel musical pone en valor y se enorgullece del medio rural. El mismo en el que viven María do Campo y su hijo Abelardo, de los pocos vecinos que quedan en Orros, la aldea natal de Luz Casal, que ayer se dejó ver por el recinto junto a Luís Tosar. Madre e hijo son primos de la artista, «unha veciña máis» y, como tal, le prestan su apoyo para el que el festival solidaria salga como se merece. A pedir de boca.

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