Descarrilamiento en Santiago: Siete días de luto oficial

El Gobierno gallego decreta por la tragedia ferroviaria de Santiago el mayor luto en la historia de la autonomía y reclama a los investigadores en sus pesquisas «a maior celeridade, pero tamén a maior seguridade»


Santiago / La Voz

Una mujer en chanclas endebles sobre el rudo balasto consolando al herido, un chico jugándose la vida toda a una apuesta para sacar cuerpos de los vagones, miles queriendo donar sangre, cientos por cooperar suspirando, decenas suspendiendo sus vacaciones. Abel, Susana, Marta... Héroes sin capa al viento ni recompensa en mente. Gente anónima. La sociedad civil gallega ofreció al mundo anteanoche un ejemplo tal que ayer a las instituciones no les quedó otra que hacer lo que hicieron: postrarse ante ella, aplaudirle. Coincidieron en alabarla la Xunta, el Gobierno central y la Casa Real. El Ejecutivo español, además, decretó tres días de luto oficial en todo el país, mientras que el autónomo aprobó siete en la comunidad, la mayor señal de duelo jamás acordada en la historia de la autonomía.

En un 25 de julio que no lo parecía, por la pasarela del terror que era Santiago desfilaron, entre otros, Juan Carlos I y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. El segundo, tras visitar la zona cero de Angrois y a hospitalizados en el Clínico, loó al mediodía el «admirable y ejemplar» trabajo de los empleados públicos movilizados con motivo de la catástrofe y, entusiasta, agradeció la desinteresada labor de los voluntarios. Ya por la tarde, el monarca repitió guion, ensalzando el «espíritu de ciudadanía» demostrado por los compostelanos. Antes que ambos, de buena mañana, el jefe del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez Feijoo, se había confesado «orgulloso» del personal sanitario y de emergencias, así como de sus paisanos, «da súa valía», de su arrojo. Unanimidad.

Confluyeron los discursos de los tres en otro punto: la apuesta por una pronta resolución de las dos investigaciones abiertas a raíz del siniestro, la judicial y la administrativa. El monarca apostó por «esclarecer los problemas que pueda haber», o sea, por indagar a fondo. Mientras, Feijoo reclamó en esa tarea imprimir «a maior celeridade, pero tamén a maior seguridade posible». Rajoy, entretanto, se fijó como reto despachar las indagaciones «a la mayor celeridad posible y, por supuesto, acertando plenamente en el diagnóstico».

Por lo demás, mostraron entereza, trasladaron condolencias, brindaron respaldo a raudales tanto a víctimas como a familiares y desplegaron emoción. «Para un santiagués como yo -reconoció Rajoy-, créanme que este es el Día del Apóstol más triste de mi vida». Exhausto, por momentos al borde del llanto, Feijoo proclamó: «Calquera palabra é insuficiente para un sentimento que só se pode describir con bágoas». El rey, por su parte, apeló a la unidad. «Toda España está pendiente de esto y todos los españoles se unen al dolor de las familias de los muertos», sentenció.

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