Las rotondas y la confianza excesiva están detrás de la mayoría de los accidentes con daños materiales

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

<span lang= es-es >Castiñeiriño</span>. Solo un exceso de velocidad puede explicar las salidas de vías de los conductores que una y otra vez derriban la barandilla de la rotonda.
Castiñeiriño. Solo un exceso de velocidad puede explicar las salidas de vías de los conductores que una y otra vez derriban la barandilla de la rotonda.

La policía asiste decenas de siniestros en intersecciones por las dudas de los conductores

26 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El exceso de velocidad, el despiste, la confianza en el conocimiento de un vial y, sobre todo, las eternas dudas sobre cómo circular por las rotondas están detrás de los accidentes de tráfico que cada día se producen en las vías urbanas de la ciudad y que, por suerte, solo llevan parejos daños materiales. La Policía Local de Santiago atiende muchos de estos siniestros y, según destacó el concejal Luis Garcia Bello, acuden fundamentalmente a los de las rotondas de Castiñeiriño, San Lázaro y O Avío y en menor medida a otras calles y avenidas de la ciudad. Aunque en el listado de puntos conflictivos las rotondas ocupan el primer lugar no significa que sean las zonas con más siniestros. «Es que en estos casos se llama a la policía, porque los conductores siempre tienen dudas sobre quién es el responsable», comentaba un policía local. «Eso sí, lo habitual es que el culpable sea el más seguro de ser inocente», apunta Ignacio García Couso, de la autoescuela Agra.

Pese a que la ciudad está plagada de rotondas en muchas de sus avenidas, los conductores siguen teniendo dificultades para circular correctamente por ellas. «Son carriles de circulación, solo que con curva», insiste García Couso. Pero, lo que parece evidente sobre el papel, no lo es tanto sobre el asfalto y todas las rotondas de la ciudad tienen recuerdos de los frecuentes golpes, que afectan sobre todo a las aletas, defensas y faros de los coches.

Otro de los problemas es el exceso de confianza de los conductores, que realizan varias veces al día un mismo recorrido. Eso suele pasar en la rúa de Madrid o en el acceso de la rúa Tambre al carril de servicio de la avenida Cruceiro da Coruña. Basta unos minutos de observación en el lugar para comprobar que el cartel de stop es meramente decorativo. Los coches se incorporan al carril de servicio, en muchos casos, sin ni siquiera hacer el amago de parar y lo habitual es que no pase nada, pero «un día pasa».