Emociones detrás de una cortina

Los musicoterapeutas demuestran cómo la música es capaz de alterarnos


santiago / la voz

El Emociomatón es un fotomatón que emociona. Con su cortina que se corre, como en las máquinas de retratar, tú te metes dentro, te pones los cascos y lo que le hace la música a tu cerebro queda registrado en un ordenador, en un tensiómetro y un electrocardiógrafo.

La idea es de la Asociación de Profesionais de Musicoterapia (Agamus), que ayer decidieron poner en marcha el experimento sociológico delante de la biblioteca Concepción Arenal de la USC.

De dirigir la prueba se encaraba Montserrat López Merino, presidenta de Agamus, acompañada del músico y musicoterapeuta Miguel Giner. El objetivo era claro: evidenciar, gracias a las mediciones hechas dentro del Emociomatón, cómo la música es capaz de alterar el ritmo cardíaco, aumentar la sudación y la tensión o provocar la dilatación de las pupilas: la música crea emoción.

El musicoterapeuta Tomás Rábanos explica que reaccionamos a la música desde que nacemos: «Si le hablas a un bebé, te mirará a ti. Pero si le cantas, entonces conseguirá que se emocione, que cambie su estado de ánimo, que aparezca la sonrisa». Dice Tomás que las nanas, con las que todos nos hemos dormido alguna vez, son universales a la humanidad: tiempos lentos y sonidos agudos semejantes en todo el mundo que consiguen bajar la frecuencia cardíaca y relajarnos. «La emoción que despierta la música te perseguirá toda la vida». Los que ayer entraron en el Emociomatón visionaron actuaciones de Noa, Silvia López Cruz, Gabriela Montero, Uxía y Gregory Porter, el cartel del ciclo Pel de galiña. Música que emociona, que arrancará en mayo en la Cidade da Cultura.

en directo experimento en el campus

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