«Cada vez tenemos más enfermedades de la vejez»

La regeneración celular abre grandes posibilidades para subsanar el peaje físico inherente a la madurez


santiago / la voz

Envejecer tiene sus inconvenientes, para qué vamos a negarlo. Pero ¿qué hay de las ventajas? ¿De la sabiduría acumulada? ¿De las tablas que nos da la vida? La reflexión la trajo ayer a colación la catedrática de Biología Molecular de la Universidade de Santiago Isabel Rodríguez-Moldes Rey, que participó en una de las charlas del ciclo Os Luns do Ateneo. Con la reprogramación celular como excusa, y a propósito del reciente premio Nobel que han compartido John B. Gurdon y Shinya Yamanaka, Isabel habló sobre el salto de gigante que supone que las células de un ser adulto sean reprogramadas, para volver a un estado embrionario muy temprano y, a partir de ahí, redirigidas «para volver a diferenciarse en tipos celulares del propio individuo que puedan estar dañados. Por ejemplo, para curar o regenerar el tejido de un corazón dañado después de un infarto».

La reprogramación y la posibilidad de revivir la juventud de las células puede llevar a pensar si, en un futuro, todas las células de un individuo adulto podrían ser reprogramadas. «No dudo de que pueda ser posible -dice la catedrática- pero habría que preguntarse qué sentido tendría hacerlo. ¿Estaría justificado invertir en investigación para, por ejemplo, rejuvenecer estéticamente?». No lo cree. No es imposible pero, de momento, es teórico e hipotético. Isabel Rodríguez-Moldes dice que el gran futuro en el campo de la regeneración celular está en la cura de enfermedades relacionadas con la vejez y el paso del tiempo. «Cada vez vivimos más y tenemos más enfermedades relacionadas con la vejez», explica.

La investigadora aprovechó para reflexionar sobre ese miedo que, de alguna manera, todos tenemos. «Una cosa -señala- es que la apariencia física vaya cambiando, que el cuerpo vaya quedando limitado. Pero creo que lo que se gana en sabiduría y experiencia tiene sus ventajas». El ejemplo con el que ayer ilustró esta idea es de los que hace meditar: «Piensa en los autorretratos de Rembrandt, el salto que hay desde el autorretrato realizado cuando tenía veintipocos años, donde apenas es capaz de mirarse a sí mismo, a la grandeza de los últimos cuadros, donde mira con serenidad, donde ilumina la cara sin temor». Isabel Rodríguez-Moldes lo tiene claro: «Prefiero la sabiduría de los últimos años y no el Rembrandt joven». Así que todo lo que pueda ayudar la ciencia a compensar el peaje físico que pagamos por la sabiduría, bienvenido sea.

isabel rodríguez-moldes catedrática de biología molecular

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