«Santiago reluce en Polonia»

El saletino polaco casa a varios compatriotas cada año en la catedral

SANTIAGO

santiago / la voz

De Galitzia a Galicia. El padre Román llegó hace 20 años a estos pagos porque atendió a una llamada de auxilio de los padres de la congregación de la Saleta, a la que pertenece, radicados en Siador (Silleda): «Fueron años duros en Siador porque venía de una gran ciudad como Cracovia a una aldea que tenía más vacas que personas». Pero se acostumbró y ahora no se imagina vivir en una urbe grande.

Había coincidido en 1989 en el Monte do Gozo con el Papa Juan Pablo II, al que ya había visto varias veces en Cracovia y, oh casualidad, hace diez años le destinaron al Centro Europeo de Peregrinación en el escenario papal compostelano. Aquí atiende también tres parroquias. El Centro Europeo, con alojamiento para grupos y albergue para peregrinos, no estuvo totalmente equipado y completo hasta el 2005. Pero en todo el verano no pasó por allí un alma: «Quedé desolado. Casi lloré. Me pregunté que hacía yo aquí».

Como el centro carece de subvenciones y tenía que mantenerse, envió propaganda a las agencias de Polonia que organizan peregrinaciones. La idea funcionó y al año siguiente en el Monte do Gozo se hablaba mucho en polaco. Y en más idiomas del este de Europa, entre otros: «Hay un auge de las peregrinaciones de Polonia a Santiago». Sí, hasta el punto de que un alto porcentaje de reservas en el 2012 son de su país. Habitualmente el 50 % de los alojados en el centro son polacos.

Los grupos pagan sus habitaciones. Los peregrinos, no. Si quieren, aportan un donativo. Y como es albergue final de trayecto, a veces duermen varias noches hasta obtener el billete de regreso. Durante el 2011 hubo 5.000 pernoctaciones.

Peregrino, una «raza especial»

En los veranos, cuando el ajetreo en el albergue es elevado, vienen voluntarios polacos al Monte do Gozo. A estos hospitaleros el padre Román solo les exige una cosa: que hayan recorrido el Camino de Santiago: «Si un voluntario no hizo el Camino no sabe a qué viene, porque el peregrino es una raza especial». En invierno, ofrece una sopa gratis: «Es un motivo para que los peregrinos del albergue se junten y hablen. En los foros del Camino ya es conocida la sopa del padre Román y, claro, los coreanos quieren el albergue del polaco y no el municipal». Si las camas no llegan, los peregrinos se tumban en colchones en otras dependencias.

Una función de la que no se libra el padre Román es la de oficiante de nupcias de polacos. Las parejas llegan por el Camino con trajes de boda en sus mochilas, los planchan y al altar: «A los polacos les da por casarse en un santuario como la catedral de Santiago y todos los años oficio dos o tres bodas de compatriotas en la basílica». Y es que «Compostela está de moda en Polonia». Ese auge se palpa de cinco años para acá en múltiples signos: las flechas amarillas del Camino atraviesan el país, hay innumerables simposios y varias universidades se sumergen en los temas jacobeos. En realidad, se está recuperando la vieja tradición del Camino en Polonia.

En el invierno, con menos tráfago en el Centro Europeo de Peregrinaciones, el padre Román presta especial atención a sus parroquias. Su preocupación son sus feligreses y la espiritualidad del Camino: «Yo no soy el gerente de un hotel, sino un sacerdote. Los peregrinos se quejan de falta de atención espiritual. Buscan algo más, tienen preguntas. Lo que me preocupa de verdad es el plan espiritual y pastoral».

¿Pero no hay mucho turismo en el Camino? «Hay ciertos prejuicios en eso. Yo no lo veo así. Aquí viene mucha gente en plan espiritual. Incluso el mismo Camino cambia a la persona, de forma que hay quien empieza el trayecto como turista y lo acaba como peregrino».

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