Dos genios que trazaron caminos paralelos que se llegaron a cruzar


Las personalidades de John Lennon y Salvador Dalí estaban predestinadas a encontrarse. Pese a moverse en disciplinas diferentes, existía un nexo común en su obra que pronto se manifestó en la admiración mutua que casi desemboca en su particular peregrinación a Santiago. El músico fue uno de los primeros introductores del surrealismo en la música pop. De hecho, se podría decir que The Beatles succionaron el espíritu del rock?n?roll y lo expandieron en múltiples direcciones. La del «automatismo psíquico puro» al que aludían los primeros surrealistas fue una de las predilectas de Lennon. «El surrealismo tuvo un gran efecto en mí, porque me di cuenta que la fantasía de mi mente no era locura», decía.

Penetrar por los laberintos de canciones como A Day In a Life o Strawberry Fields Forever, llenas de recuerdos infantiles, paisajes irreales y viajes psicodélicos, deja a las claras la enorme influencia del movimiento en Lennon. El LSD lo hizo explotar, pero la cosa venía de muy atrás: «De niño, cuando me miraba al espejo, me quedaba asombrado por lo que veía. Años más tarde supe que había un nombre para ese estado». Además de lo musical, esa predilección por el surrealismo se plasmó en dos obras de dibujos y relatos, Por su propio cuento y Un españolito en obras, recientemente recuperadas en español por la editorial Global Rythm Press.

Aunque ajeno a las drogas, Dalí compartía esa visión. Pero también una predilección por el pop y sus cegadoras estrellas. De hecho, se sostiene que él fue un precursor de figuras como Andy Warhol o el propio Lennon y en su trayectoria figuran muchos acercamientos al mundo de la música popular.

Se sabe que persiguió a Françoise Hardy, con quien deseaba fotografiarse como fuera. También que asistió en Nueva York a un recital de David Bowie, del que salió horrorizado porque no le gustaba la ropa que llevaba.

Más conexión tuvo con Alice Cooper, una de las figuras del glam-rock, que accedió a la invitación del pintor y pasó tres días en su casa. Dalí lo obsequió con dos retratos en formato holograma titulados Primer retrato cilíndrico del cerebro de Alice Cooper y El cerebro de Alice Cooper.

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Dos genios que trazaron caminos paralelos que se llegaron a cruzar