Dos gallegos al pie de la gran revolución egipcia

Pedro Hernández y Rosy Sieira Narran su vida en El Cairo en la misma semana que el país ha acudido a las urnas. Ellos también se sienten partícipes de la emoción que se respira en la calle por primera vez


Ha sido casi un año de revueltas y manifestaciones. Desde enero del 2011, en que se inició la llamada revolución blanca, los egipcios han conseguido que su presidente durante 30 años, Hosni Mubarak, dimitiese, y han forzado con la única arma de la presión popular la aceleración hacia la transición democrática, que se ha concretado en unas elecciones que durarán tres meses. Por fin se empieza a hablar de libertad en Egipto, o al menos así lo relatan dos gallegos, Pedro Hernández y Rosy Sieira, que nos acercan su particular visión de un proceso que probablemente culminará con el triunfo de los Hermanos Musulmanes, según los primeros resultados. Pero a pie de calle, la gente sigue viviendo entre la alegría del cambio, con compras, música, cafés y redes sociales, y la preocupación de los más liberales por esa deriva hacia la reislamización de Egipto. Este es el modo en que lo están viviendo Pedro y Rosy.

Libertad para hablar de política

«Han pasado casi cuatro años desde que llegué a El Cairo -cuenta Pedro Hernández- y en este tiempo he podido vivir la transformación que ha sufrido este país. Hace exactamente un año estábamos viviendo unas elecciones al Parlamento, pero con importantes diferencias: Egipto estaba gobernado por Mubarak y el todopoderoso partido NDP [Partido Democrático Nacional]. Esas elecciones eran la antesala de las que tendrían que haber tenido lugar más o menos en estas fechas y en las que se debía elegir presidente, con lo que ello significaba en un país tan presidencialista como era Egipto. La única duda que había era si el candidato oficial iba a ser Hosni o Gamal Mubarak, el padre o el hijo.

Por lo demás, la gente no mostraba ningún interés por ir a votar (proceso, además, complicado) al saber de antemano el resultado y temían significarse ante las autoridades que controlaban el país. Ahora, por primera vez la gente habla de política con libertad, se discute sobre qué partido es mejor, qué es lo que más conviene al país, qué pasará si estos o aquellos llegan al poder y cómo pueden evolucionar las relaciones entre la minoría cristiana copta y los musulmanes».

Orgullosos del cambio

«Los egipcios lucen orgullosos un dedo manchado de tinta, que es uno de los métodos que utilizan en las mesas electorales para controlar que nadie vote dos veces. Después de votar se comparten las anécdotas de la jornada: que si estuve tres horas en la cola, que si al llegar no estaban las urnas, que la gente mayor no debería votar pues no van a vivir los cambios y son muy conservadores... Incluso en un lugar se han atrevido a solicitar voluntarios entre los votantes para integrar la mesa ante la ausencia de los designados», relata Pedro Hernández.

Porque en general -continúa- hay una sensación de «orgullo por haber llevado adelante esta revolución». «Es cierto que no todos están a favor de los Hermanos Musulmanes, sobre todo la gente que tiene más formación, porque no se fían. Pero es superior esa grata sensación de haber participado por primera vez en unas elecciones limpias. Ahora queda esperar que todos acepten los resultados, sean cuales sean».

el poder del fútbol

«Sin embargo -explica este gallego residente en El Cairo-, al margen de la revolución y el nuevo interés por la política, en Egipto la mayoría de las conversaciones giran alrededor del fútbol. El Ahli, el equipo de la capital, además de ser el campeón tiene el apoyo de casi todos los egipcios independientemente de donde sean, con la excepción de los seguidores del Zamalek, otro equipo cairota, pero un poco pupas [por sus resultados se asemeja al Atlético de Madrid], y el Ismailia. Su apasionamiento es tal que en la clasificación para el último Mundial el fútbol estuvo a punto de provocar un conflicto diplomático. Egipto competía por la clasificación de desempate con la selección de Argelia, su eterno rival. El partido lo ganó Argelia por 1-0, lo que desató la ira de los egipcios, que intentaron asaltar la embajada de Argelia en El Cairo, y la mantuvieron cercada durante días. El fútbol europeo también lo siguen, especialmente el español. Durante el clásico, las terrazas se llenan de seguidores con las camisetas del Real Madrid y del Barcelona y lo viven con la misma intensidad que en España. La Liga la retransmite Al Jazeera y se pueden seguir todos los partidos de Primera División. Como comentarista tienen a un gallego de Betanzos, Paco Buyo. El Barcelona tiene en El Cairo dos escuelas de fútbol».

Canales y música islámica

«También es verdad -apunta Pedro- que en la televisión han aumentado los programas de contenido político, y tanto en la radio como en la tele se retransmiten canales islámicos. La música que se escucha es mayoritariamente árabe y el cantante más carismático es Amr Diab, una especie de Ricky Martin».

El bullicio de El Cairo es para Pedro Hernández su ADN, un caos que se paralizó durante la revolución cuando se quedaron aislados por el corte de las comunicaciones de móvil e Internet. Precisamente cuando Twitter y Facebook consiguieron liderar las protestas. «Hoy El Cairo está vivo las 24 horas del día, sobre todo cuando el sol se pone, las luces de los mercadillos se encienden y los cafés se llenan de egipcios fumando sus pipas de agua mientras beben sus tés con menta y charlan distraídos de futbol y política. Este país no deja otra opción que vivir de noche», concluye.

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