«O xeito perfecto para vivir esta cidade é ter sempre un pé fora»


santiago / la voz

«Non eres universal por viaxar moito, senón por ter ben asumido de onde eres». Con esta frase resume Emilio Cao lo que para él significa Compostela, la ciudad que lo vio nacer, lo vio crecer, se escandalizó por sus atuendos rockeros allá por los años sesenta y a la que siempre vuelve, aunque no de forma definitiva, «porque me gusta saber de onde veño, pero preciso os estímulos de atoparme en sitios distintos», aclara.

Que Siniestro Total le dedique una canción en la que rezan frases del tipo «yo quiero ser Emilio Cao, tocar el arpa en el Caurel, y ser tan guapo como él» endiosaría a cualquiera, o al menos le concedería un cierto aire de autosuficiencia. A Emilio no se le nota. Más bien rezuma tranquilidad y honestidad. Su afición por la música nació bien pronto, y a los 19 años ya subsistía con ella. Y en esta vocación no hay influencias familiares, «aínda que a miña avoa lembroume que teño unha vinculación con Pascual Veiga, pero claro, nin o sabía nin nada».

Quizás no lo sabía pero lo llevaba en los genes, por lo que a los tres meses de comenzar la carrera de Derecho en Santiago, ya tocando en un grupo, le dijo a sus padres, ambos empleados de Telefónica, que no iba a perder más tiempo entre leyes y reglamentos y se fue a París, a tocar al metro. «Alí a vida tratoume moi ben. Senteime en Notre Dame, e á media hora chegou un tío que me preguntou de onde era, e deixoume un apartamento gratis ao carón de Notre Dame, porque el tiña que marchar dous meses. Algo que agora sería impensable».

Nunca perdió el contacto con Santiago, a donde regresaba más o menos cada seis meses. Entre la Compostela y el París de los 70 había más que las siete diferencias del pasatiempo. El cruce étnico, «pois en Santiago se aparecía alguén de cor, a xente quedábase mirando», o el ambiente, el de la urbe gallega todavía de una ciudad «pacata e gris, onde como eu era músico e vestía de forma estrafalaria aínda me miraban pola pinta».

Más conocida que Galicia

Aunque Emilio siempre necesitó «ter un pé fora e outro dentro, porque para min é o xeito perfecto de vivir unha cidade como esta», había algo en la ciudad que recuerda de joven, cuyos lindes iban poco más allá de la praza de Galicia y en donde el colegio Peleteiro, en República Argentina, «era o extrarradio», que siempre la hizo diferente.

Por ejemplo, el turismo. Poco, pero de calidad. «Cando eu tiña seis ou sete anos, había un nivel moi baixo de turistas, pero continuo, de xente europea ilustrada que viña á cidade». De hecho, añade Cao, cuando a los 19 inició su periplo vital por capitales como París, Ámsterdam o Copenhague, «coñecíase Compostela máis que Galicia».

Madrid, Barcelona o Cadaqués han sido otras de sus residencias en las que desarrolló su faceta musical. Reconoce que su estancia en la localidad gerundense fue una de las etapas más creativas, «con Dalí paseando en barca con incribles mulleres pola bahía. Eran os seus derradeiros anos», sonríe.

Desde que es padre de un niño de once años se ha establecido de forma más estable en Santiago, en donde reside la mitad del tiempo, mientras que la otra mitad la pasa en Valencia. Estar fuera fue precisamente lo que le hizo dedicarse a la música gallega «porque cheguei á conclusión de que realmente de onde ven un é o que o singulariza».

Por eso en toda su vida y su trayectoria musical ha mantenido el lazo que lo une con Santiago, un lazo que alarga o recoge, pero que siempre permanece.

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