Luz verde al visionado legal de películas vía Internet

Las empresas vinculadas al séptimo arte se han lanzado a la conquista del e-mercado.


Lejanos quedan los tiempos en que empresas como Filmin, Wuaki.Tv y Filmotech eran casi las únicas experiencias empresariales en España para ver películas en streaming desde el ordenador (sin tener en cuenta las consideradas piratas).

El año 2011 se avecina como el de los cambios en las reglas del juego. Y la industria española, siempre con la ley Sinde en mano, está dispuesta a asumir el reto. Como dice Jordi Minguell, programador del primer Festival de Cine Online: «Es tiempo de que el cine en la Red sea un hábito y deje de ser considerado un delito».

En las últimas tres semanas, los anuncios no han parado de sucederse. El más reciente se escuchaba hace una semana, en forma de rumor: Spotify podría empezar a comercializar, además de música, cine, cosa que su director general se encargó de desmentir de forma poco clara. Antes fue Voddler, en plena Semana Santa, al anunciar que en otoño estará funcionando en nuestro país.

LA EXPERIENCIA SUECA

El portal sueco de cine y series online, que cuenta con un millón de usuarios registrados en Escandinavia, lanzará en unos meses su versión beta con el modelo que le ha hecho célebre por tierras nórdicas: 80% de contenido gratuito. La respuesta española no se va a hacer esperar. Pedro Pérez, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles (Fapae), parecía contestar a los suecos: «España tiene tecnología suficiente para liderar esta plataforma y no es necesario esperar a que llegue alguien de fuera a imponernos sus condiciones. Podemos hacerlo si vamos de la mano». Así hablaba frente a un foro de industriales del cine español en la sede de la Academia de Cine, durante unas jornadas orientadas a debatir precisamente los nuevos retos de Internet.

El principal reto al que se enfrenta la industria del cine ahora que ha decidido que Internet es el futuro y que es necesario entrar es el de tener que cambiar todas esas rutinas de los usuarios. Unos usuarios acostumbrados a tener acceso a los contenidos audiovisuales el mismo día que llegan a los cines (si no antes) y sin tener que pagar nada por ellos, a los que de pronto se les ofrece pagar por esos mismos contenidos con menor inmediatez.

El cine NECESITA Internet

En este universo nuevo en el que juegan muchos agentes distintos, una de las tareas más duras que tiene por delante la industria del cine es la de poner de acuerdo a creadores, distribuidores, productores y todas las distintas asociaciones y organismos que giran a su alrededor. Y aunque en muchas cosas las posiciones son divergentes y casi opuestas, sí hay una conclusión en la que todos coinciden: es necesario entrar en Internet.

Este fue la razón en torno a la que giró la jornada que tuvo lugar en la Academia de Cine hace unos semanas, en la que quedó claro que todos estaban de acuerdo en la necesidad de conquistar el mercado electrónico antes de que lleguen los grandes grupos de Estados Unidos (la sombra de Netflix es alargada) y se lleven el botín.

PILAR CANICOBA

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