La Edad Media revive en el siglo XXI

Tras más de tres décadas en escena, Doa vuelve a los escaparates con el disco «A fronda dos cervos», que reconvierte a los trovadores medievales a través de los sonidos contemporáneos.


El gran misterio de la historia cultural gallega son los trovadores. Nombres como Pero Meogo, Martín Códax o Airas Nunes se han convertido en míticos, aunque muy desconocidos biográficamente hablando, debido a que protagonizaron el momento más importante de la historia de la cultura gallega. Comenzó a finales del siglo XII, se prolongó hasta mediados del XIV y se mantuvo para el futuro bajo el apelativo general de lírica medieval gallego-portuguesa. Detrás de ese título más bien prosaico se ocultan casi 1.700 cantigas escritas por cerca de 150 autores. A pesar de que los programas educativos de literatura han abundado siempre en este legado, frecuentemente se olvida que los creadores de este tesoro eran trovadores, es decir, cantautores, lo que motivaría que sus cantigas fuesen estudiadas dentro de la historia de la música de Galicia.

La reinvención

A finales del siglo XX, los sucesores modernos de los trovadores se percataron de que una de las señas de identidad de la música del país podría construirse a partir de las cantigas. Doa fue el grupo que más claro lo tuvo al unir conceptos de estilos de música como el jazz con ese corpus sonoro-poético. Su debut en 1979 causó sensación en una escena folk europea que, como poco, no había escuchado nada parecido antes. El disco que los hizo pasar a la historia se titulaba O son da estrela escura, y ahí se podían escuchar cantigas de Alfonso X el Sabio mezcladas con sonidos electrónicos, gaitas e instrumentos indios. Treinta y dos años después, Doa sigue enarbolando la antorcha de la experimentación dentro del marco de la reinterpretación de la lírica medieval con un nuevo disco de título evocador: A fronda dos cervos. «El título de la grabación se relaciona con el contenido de dos de las cantigas que aparecen en el álbum, Verdes herbas y Levousa fremosa. En esta última aparecen los ciervos que sirven como simbología del amor y el erotismo, a lo que se une también el sentido de la naturaleza como algo idílico y fantasioso», explica Xoán Piñón, uno de los miembros del grupo.

La partitura enigmática

Doa ha buceado en documentos como el Códice Calixtino para encontrar joyas como Sancti Iacobi, un tema que añade al misterio propio de la época una partitura que actualmente es uno de los grandes misterios de la historia musical. «Está escrita en un sistema denominado Lorena, que parece haber sido inventado en la Edad Media por los monjes benedictinos del monasterio francés de Vézelay. Estuvimos un par de meses realizando la reinterpretación y la transcripción de esta melodía. Es como descifrar un puzle, ya que además la partitura está pensada para ser interpretada como un canto gregoriano», señala Xoán Piñón.

Otra de las composiciones más impactantes del disco lleva el título de O Maroot. «Puede considerarse la primera canción feminista de la historia. Maroot era un personaje que se dedicaba a secuestrar chicas, y el tema cuenta cómo finalmente muere y 12 chicas bailan alrededor de su cadáver», señala Piñón. Otra muestra de la modernidad de los creadores medievales es la cantiga Porque no mundo minguou a verdade de Airas Nunes, que los miembros de Doa también califican como novedosa y no dudan en señalar como «la primera canción protesta de la historia». Este tema no ha requerido el complicado trabajo de investigación de Sancti Iacobi, ya que la canción ya había sido musicada a finales de los 70 por Xosé Quintas Canella. «La letra es una crítica social despiadada, que se realiza a través de un protagonista que intenta encontrar en qué lugar del mundo está la verdad», explica Piñón sobre una composición que podría describir muchos aspectos de la sociedad actual.

En la formación de este grupo cercano a las cuatro décadas de existencia, dos incorporaciones destacan sobre los cuatro discos que conforman la discografía anterior de Doa. Uno es Óscar Fernández, zanfonista que toca con la banda desde el 2006 y cuya carrera, desarrollada en combos de tanta calidad como Os Cempés o Bonovo, lo ha convertido en uno de los músicos fundamentales del folk gallego del siglo XXI. Otra cara nueva es Susana de Lorenzo, cantante de larga experiencia que se ha movido en territorios tan distintos como el rock o la música clásica. Entre los tres restantes miembros de Doa, además del mentado Piñón -que se ocupa del laúd y las guitarras eléctrica y acústica-, aparecen Bernardo Martínez, que se ha ocupado de la producción y dirección musical del álbum, además de tocar teclados y percusiones, y Xaquín Blanco, uno de los gaiteiros más creativos de la historia del folk gallego, que además ha tocado oboe y flautas.

Son los tres veteranos de una formación que dio sus primeros pasos en 1977, cuando Martínez y Piñón empiezan a reunirse para tocar juntos. Deciden llamarse Doa (regalo, en gallego), porque la música de la banda esperaba ser un premio para los oyentes. Desde el principio la experimentación fue su norte. Esa actitud provocó que las críticas especializadas siempre fueran por delante de un reconocimiento público que solía llegarles años después de haber publicado sus discos, cuando por fin la escena comprendía el objetivo artístico que perseguían.

El tratamiento contemporáneo de clásicos de la cultura como las cantigas de Alfonso X provocó que los estudiosos más ortodoxos les reprocharan la forma de abordar ese tesoro literario. «Nosotros podríamos responderles que ellos tampoco trataban bien esas obras, porque realmente no sabían cómo se interpretaban en la época medieval. Doa siempre ha interpretado esa clase de composiciones como si fuesen contemporáneas», explica Piñón.

Foto, cine, música

A pesar de este contundente compromiso artístico, Doa se encontró con seguidores famosos como el cantautor Víctor Manuel, que fue el productor de su segundo álbum, Polaridade (1986), y que incluso interpretó una de las canciones del disco. Xoán Piñón relata la forma en que el célebre artista acabó colaborando con la banda: «En mi labor como fotógrafo había trabajado en la película Divinas palabras, que él había producido. Él ya conocía nuestro primer disco, O son da estrela escura, y entonces se me ocurrió llamarlo para que nos produjese». Fue otro de los hitos discográficos de un combo que solo ha editado cinco discos en 34 años. De ahí que la llegada a los escaparates de A fronda dos cervos sea una extraordinaria noticia para la música del país.

El primer disco de Doa significó tal salto en la música gallega que la escena tardó casi un lustro en comprender que se encontraba ante una de las grabaciones fundamentales de la historia del país. La propuesta de este trabajo aún sorprende ahora a los oyentes que no la conocen.

La demostración de que el norte artístico de Doa pasa por no repetirse. A pesar de que la producción corre a cargo de un cantautor tan convencional como Víctor Manuel, la banda coruñesa se coloca de nuevo en la vanguardia de la época con un álbum que podría ser etiquetado como folk progresivo.

Instrumentos como el vibráfono de mano del percusionista Carlos Castro colocan a otro nivel sónico temas procedentes de recopilaciones de canciones tradicionales como el Cancionero de Casto Sampedro. Doa introduce en su repertorio melodías procedentes de otras tradiciones, como la portuguesa o la alemana.

Dieciséis años de silencio discográfico conducen a Doa a sus orígenes medievales. Arboretum supone el regreso a los paisajes acústicos de una banda que combina canciones de raíz tradicional con cantigas medievales. Supuso la recuperación para el directo de un grupo que desde entonces no ha parado de tocar.

El nuevo disco de Doa supone un nuevo tour de force artístico de un grupo que continúa luchando por demostrar que la tradición medieval galaico-portuguesa es un tesoro que puede tratarse musicalmente en el siglo XXI. Hasta las letras de los trovadores medievales tienen una lectura en la sociedad actual.

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