«No conozco a ningún tonto que destaque en el deporte, aunque le falte cultura»

Por Jacinto Ruiz

SANTIAGO

Fernando Romay es un personaje unido al éxito. En baloncesto fue medalla de plata en la olimpiada de los Ángeles, varias veces campeón de europa con el Real Madrid y pívot indiscutible de la selección española. Ahora lo ha conseguido como comunicador de la televisión y como coordinador de programas juveniles

24 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Fernando Romay podría pasar por el gigante bueno de los cuentos infantiles. Mide 213 centímetros y los envuelve en amabilidad y sencillez. Sus dotes de comunicación han convertido a este gallego, que fue el pívot indiscutible de la selección española de baloncesto y del Real Madrid, en una estrella de la televisión, donde igual ejerce de comentarista deportivo que de participante y luego de jurado en un concurso de baile. Escapa del calificativo de famoso, no le gusta, prefiere ser considerado simplemente popular. Lo que sí le atrae es la actividad, cuanta más, mejor; cubrir muchos frentes. En los últimos tiempos dedica parte de ese tiempo a promocionar los valores de la educación física escolar con el eslogan «Juego limpio. En el deporte y en la vida, respeta para ser respetado». Parece hecho a su medida, muy grande.

-Es un buen eslogan, pero que entra en contradicción con una sociedad en las que se incentiva, empezando ya en los colegios, que hay que llegar arriba, como sea.

-Una cosa es las competitividad, que es buena, y otra cómo logras los objetivos que has elegido en tu vida. En eso el deporte tiene mucho que decir y mucho que hacer, porque es como una especie de baúl donde están todos los valores que deben regir en la sociedad.

-¿Dónde es más difícil de aplicar, en la vida o en el deporte?

-Uf... La verdad es que la vida y el deporte son la misma cosa. Lo que haces en un sitio lo debes trasladar al otro. No veo deportistas que sean muy distintos en su forma de proceder en el campo y fuera de la cancha. Otra cosa es cómo los ves tú, si eres aficionado, pero entre compañeros, yo que he estado en el meollo, tal y como obran fuera lo hacen dentro

-Si es así, era bastante generoso, porque en los partidos se llenaba enseguida de faltas intentando tapar los huecos y los despistes de sus compañeros.

-Sí, lo mío en el deporte era vocación de servicio [bromea]. El hecho de tener que estar haciendo eso y el trabajo de fontanería en el equipo, coger rebotes, poner tapones, intimidar y crear peligro dentro de la zona para que se cierren sobre ti y los demás tiren es la labor de los pívots. En otros deportes, lo que cuenta son los reflejos, como les pasa a los porteros: su jugada no es reflexiva ni elaborada, y su comportamiento fuera del campo es así, intuitivo, repentino.

-Es decir, que el beso de Iker Casillas a Sara Carbonero no fue un mensaje, solo un impulso.

-Claro, no lo había pensado, le llegó el momento y se dijo: «A partir de aquí queda claro lo nuestro. ¿Y de que mejor manera? Pues dándote un beso». Es poco reflexivo, totalmente impetuoso.

-Hablemos de su etapa deportiva. Pívot indiscutible en la selección española, pieza importante en el Real Madrid. ¿Cuesta decir adiós, sobre todo tan joven? ¿Por qué lo deja?