«No conozco a ningún tonto que destaque en el deporte, aunque le falte cultura»

Fernando Romay es un personaje unido al éxito. En baloncesto fue medalla de plata en la olimpiada de los Ángeles, varias veces campeón de europa con el Real Madrid y pívot indiscutible de la selección española. Ahora lo ha conseguido como comunicador de la televisión y como coordinador de programas juveniles


Fernando Romay podría pasar por el gigante bueno de los cuentos infantiles. Mide 213 centímetros y los envuelve en amabilidad y sencillez. Sus dotes de comunicación han convertido a este gallego, que fue el pívot indiscutible de la selección española de baloncesto y del Real Madrid, en una estrella de la televisión, donde igual ejerce de comentarista deportivo que de participante y luego de jurado en un concurso de baile. Escapa del calificativo de famoso, no le gusta, prefiere ser considerado simplemente popular. Lo que sí le atrae es la actividad, cuanta más, mejor; cubrir muchos frentes. En los últimos tiempos dedica parte de ese tiempo a promocionar los valores de la educación física escolar con el eslogan «Juego limpio. En el deporte y en la vida, respeta para ser respetado». Parece hecho a su medida, muy grande.

-Es un buen eslogan, pero que entra en contradicción con una sociedad en las que se incentiva, empezando ya en los colegios, que hay que llegar arriba, como sea.

-Una cosa es las competitividad, que es buena, y otra cómo logras los objetivos que has elegido en tu vida. En eso el deporte tiene mucho que decir y mucho que hacer, porque es como una especie de baúl donde están todos los valores que deben regir en la sociedad.

-¿Dónde es más difícil de aplicar, en la vida o en el deporte?

-Uf... La verdad es que la vida y el deporte son la misma cosa. Lo que haces en un sitio lo debes trasladar al otro. No veo deportistas que sean muy distintos en su forma de proceder en el campo y fuera de la cancha. Otra cosa es cómo los ves tú, si eres aficionado, pero entre compañeros, yo que he estado en el meollo, tal y como obran fuera lo hacen dentro

-Si es así, era bastante generoso, porque en los partidos se llenaba enseguida de faltas intentando tapar los huecos y los despistes de sus compañeros.

-Sí, lo mío en el deporte era vocación de servicio [bromea]. El hecho de tener que estar haciendo eso y el trabajo de fontanería en el equipo, coger rebotes, poner tapones, intimidar y crear peligro dentro de la zona para que se cierren sobre ti y los demás tiren es la labor de los pívots. En otros deportes, lo que cuenta son los reflejos, como les pasa a los porteros: su jugada no es reflexiva ni elaborada, y su comportamiento fuera del campo es así, intuitivo, repentino.

-Es decir, que el beso de Iker Casillas a Sara Carbonero no fue un mensaje, solo un impulso.

-Claro, no lo había pensado, le llegó el momento y se dijo: «A partir de aquí queda claro lo nuestro. ¿Y de que mejor manera? Pues dándote un beso». Es poco reflexivo, totalmente impetuoso.

-Hablemos de su etapa deportiva. Pívot indiscutible en la selección española, pieza importante en el Real Madrid. ¿Cuesta decir adiós, sobre todo tan joven? ¿Por qué lo deja?

-Sí, sí, cuesta. A los 14 años me vi en Madrid y en el Real Madrid. Era un niño y me preguntaba qué pintaba allí. He tenido suerte de tener un entorno que me hizo ver enseguida las posibilidades que tenía. Especialmente un jugador que luego fue compañero a lo largo de toda mi carrera, que sigue siéndolo ahora, como es José Beirán. Es de los primeros que me hicieron ver las posibilidades que tenía y cómo debía aprovecharlas. Fue muy importante.

-Uno de sus entrenadores, Lolo Sainz, pronosticó que sería una figura, pero que en aquellos momentos, a sus 14 años, le gustaban más los tebeos que estudiar.

-Yo no faltaba a clase, pero me hicieron ver que el esfuerzo dentro del baloncesto podría ser vital dentro de mi vida y, claro, se hacía muy pesado compaginarlo con el estudio. Fue una etapa muy pequeña, porque luego también me hicieron comprender que si no se ejercitaba la inteligencia y el aprendizaje tampoco se podía llegar a nada. No hay jugadores que hayan sido importante sin utilizar bien su cerebro. ¡Ah!, los cómics que me gustaban eran los de héroes de Marvel.

-¿Ni en el fútbol?

-A lo mejor no han estudiado, que es una pena, porque una cabeza bien amueblada es fundamental, pero no conozco a ningún tonto que destaque en el deporte. Se necesita ser rápido mentalmente. Uno de los mensajes que ahora intento transmitir es que es tan importante la tarea deportiva como la extradeportiva. Hoy se piden muchas cosas a los jóvenes, lo que los obliga a estar muy preparados, porque, sin desearlo, te conviertes en líder de opinión.

-Si mira hacia atrás, ¿cómo valora su aprendizaje, fue muy sacrificado?

-Fue sacrificio con todas las letras mayúsculas. Entrenaba dos horas y media por la mañana y otras tantas por la tarde. Estaba todo el día como el personaje de Tony Leblanc: «Del gimnasio a la Casa de Campo y de la Casa de Campo al gimnasio». Antes de entrar al colegio, ya tenía una hora de preparación física, a las ocho de la mañana. Es difícil llegar un máximo nivel sin mucho sacrificio. Ahora, en el Consejo Superior de Deportes se dan ayudas para compatibilizar ambas actividades. La vida es muy corta y la mayoría de los deportistas no tienen posibilidades de ganar mucho dinero. Cuando se habla de millonarios siempre se piensa en Ronaldo o en los grandes jugadores de fútbol. Esos ganan mucho, pero el resto... [niega con la cabeza].

Sobre la nostalgia

-El esfuerzo tuvo su recompensa: siete títulos de Liga, cinco Copas de Europa, medalla de plata en la Olimpiada de Los Ángeles. ¿Pensó alguna vez en conseguir tantos títulos?

-En absoluto. En el deporte y en la vida, lo importante es ponerse metas cercanas, si las colocas a largo plazo vas a desfallecer en el intento. Por eso, las mías eran de cierta inmediatez. Ser mejor cada día, seguir creciendo. Eran el aliente suficiente hasta la siguiente meta.

-El éxito de entonces ¿qué poso deja ahora? ¿Siente nostalgia?

-Hay que vivirlo siempre de forma relativa, porque todo pasa muy deprisa. El doctor Cristóbal Rodríguez, del que curiosamente heredé su número 6, en el Madrid decía: «Tan efímera es la gloria como la miseria». Es verdad, la gloria se vive de inmediato, porque a los tres días ya estás en otras batallas. ¿Qué ha quedado? La cantidad de buena gente con la que he convivido. Es una suerte. Los trofeos están repartidos por toda la casa, no existe un altar, ni un rincón de loas para el jugador que fui. Ha sido una etapa de mi vida de la que me siento muy a gusto, pero sigo en activo y me considero muy afortunado por lo que hago en la actualidad, prefiero mirar el presente que es lo que toca ahora.

-Y el fracaso ¿también enseña?

-Las personas tenemos miles de fracasos de todo tipo en nuestra vida: emocionales, laborales, deportivos. Hay que aprender a convivir con el, pero también a poner las herramientas para que no reaparezca, que no sea continuo. El error es inherente al ser humano, pero hay que evitar encadenarlos.

El precio del esfuerzo

-Está promocionando el Juego limpio: ¿qué recomienda?

-En primer lugar que tengan ilusión. El éxito está al alcance solo de unos pocos y hay que esforzarse mucho por conseguirlo. Visito colegios y veo a chavales que están sin aliento por nada. Sí, les gustaría ser figuras del deporte, pero sin trabajo extra. Quieren el éxito, sin el esfuerzo que supone conseguirlo.

-Cuando Fernando Martín jugó en la NBA, la liga profesional de Estados Unidos, ¿llegó a imaginarse que lo seguirían tantos jugadores españoles: los hermanos Gasol, Rudi, Calderón, Raúl, Sergio Rodríguez?

-La verdad es que en mi tiempo costaba mucho poder pensarlo. Todo estaba más lejos. Cuando fui a Madrid, con 14 años, era la primera vez que visitaba esta ciudad. En coche suponía 13 horas de viaje, otro tanto en tren y el avión era impensable. En cambio, ahora todo está muy cerca. También los Estados Unidos y los americanos se llevan a los buenos jugadores de cualquier parte del mundo para mejorar su competición.

-¿El baloncesto español está en el mejor momento de su historia?

-Sí, y espero que siga subiendo. Como en otros deportes, va por coincidencias astrales. Es decir, un grupo de estrellas que forman parte del mismo equipo. Eso fue lo que, en cierta medida, pasó con los Corbalán, LLorente, Solozábal, Iturriaga, Epi, Fernando Martín y yo, nacidos entre los 58 y los 60, que al juntarnos dimos un subidón al equipo nacional. Ahora están los Navarro, Gasol y compañía, que tienen una calidad inmensa.

-Participa en un concurso de baile y acaba siendo jurado.

-Me gustó. El baile de salón es un deporte muy interesante. El único ejercicio que puedes hacer con tu pareja en igualdad de condiciones. El problema es que en el baile manda el hombre por norma y si lo haces con tu mujer se cuestiona hasta el decreto.

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