La hostelería fue la gran afectada por la baja presencia de turistas religiosos


santiago/la Voz.

Nadie discute a esta alturas que la visita del Papa Benedicto XVI no cumplió ni por asomo con las previsiones de afluencia de visitantes. Los 200.000 turistas religiosos que iban a abarrotar la ciudad se quedaron en bastantes menos y, curiosamente, a diferencia de lo que ocurre con motivo de cualquier manifestación, ni las autoridades locales ni las policiales se aventuran a dar un número. Al margen de quienes son los responsables del fiasco, los comerciantes, hoteleros y restauradores de la ciudad hacen valoraciones diferentes de la jornada del sábado.

El portavoz de la Asociación de Hostelería de Santiago, Aser Álvarez, considera que los más perjudicados de la jornada fueron los restauradores, ya que compraron mercancía pensando en una afluencia de visitantes que no se cumplió ni aproximadamente. «Hay que reconocer que los restauradores fueron arrastrados por las expectativas. Compraron para 200.000 personas y, si se añade el cierre de calles, es evidente que fueron víctimas de la exageración», apuntó Álvarez. En cuanto a los hoteles, el portavoz dijo, a la espera de un análisis más detallado, que la ocupación rondó el 60% y «aunque alguno pudo estar al 90% otros estuvieron muy bajos. La ocupación hotelera fue animada por los profesionales de los medios de comunicación». Aser Álvarez explicó que el miedo a una ciudad abarrotada hizo que «los visitantes no acudieran a la ciudad y el turista religioso no consiguió, ni por asomo, compensar la pérdida de los otros turistas. Los turistas religiosos vienen a pasar el día, pero no se quedan». El portavoz de los hosteleros cree que es el momento de la autocrítica: «Pecamos de avaricia; los precios se incrementaron de forma poco inteligente y los intermediarios jugaron un papel en este sentido y se alimentó la burbuja irracional de los organizadores, fuimos cómplices de la locura. Nos dejamos contagiar», apuntó Álvarez.

Santiago Centro

Por su parte, el presidente de la Fundación Santiago Centro, que agrupa comerciantes del Ensanche, José María Fernández, comentó que, tras acabar en el Obradoiro después de la misa del Papa «estaba seguro de que iba a tardar mucho en salir, pero fue rapidísimo. No había gente». Fernández dijo que «prácticamente no había nadie, muy poca gente. En el Ensanche no había un alma». El portavoz de los comerciantes explicó que el mes de noviembre es «ya el peor mes del año, por la proximidad de las Navidades y el sábado fue muy flojo en todos los rincones. La visita del Papa no ha dejado dinero en la ciudad». En su opinión, las previsiones de los organizadores hizo que «la gente no viniera en sus coches y no sé de quién fue la culpa, pero el mensaje de que no se podrían entrar en la ciudad hizo que la gente escapara».

La vicepresidenta de la Asociación de Comerciantes de Santiago Acotes, Xanana Salgado, apuntó que el comercio en la jornada del Papa se quedó casi en blanco. En las zonas cortadas por la visita los comerciantes estaban «moi enfadados pola falta de previsión; fixeron compras e reforzaron persoal ante unha previsión que non se cumpriu». La directiva de Acotes mantendrá una reunión para analizar lo sucedido durante la jornada del sábado y valorar las medidas que podrían adoptarse ante el cierre de calles. «Hai xente perxudicada; comerciantes que non traballaron e veciños que quedaron pechados nas súas casas».

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