La web del Arzobispado aloja textos de tintes homofóbicos

En un foro de Internet gestionado por la Iglesia se pide que un empleado de la Catedral sea despedido por gay


Una web propiedad de la Iglesia compostelana aloja desde hace 41 días contenidos de tintes homofóbicos y contrarios al derecho a la intimidad personal, según un abogado consultado ayer por La Voz, el cual solicitó permanecer en el anonimato. Allí se revela la «vergonzosa» condición sexual de un trabajador seglar de la Catedral e, indirectamente, incluso se plantea que sea despedido.

Dentro del planeta Internet, se denominan foros a aquellos espacios virtuales donde determinadas comunidades de usuarios de la Red intercambian mensajes acerca de ciertos temas. A través del portal oficial del Arzobispado de Santiago (www.archicompostela.org) se puede acceder a uno de esos. Bajo el epígrafe «La tumba del Apóstol», lo dirige un hombre de confianza de monseñor Julián Barrio, Juan José Cebrián, sacerdote desde 1956. Él mismo firma el saludo que reciben quienes visitan la página. «Es bueno que debatamos sobre este sepulcro. Invitamos a participar en él y a hacerlo desde la objetividad y la apertura de todo discurso intelectual, así como el amor, signo de todo lo cristiano».

Pero en ese sitio se difunden algunas afirmaciones no relacionadas con el objeto del mismo y, desde luego, poco o nada cristianas. Así, el 11 de enero, una persona identificada simplemente como Lucía remitió por vía electrónica un texto titulado «Me siento avergonzada», el cual fue publicado en su integridad. Refiriéndose a un empleado de la basílica compostelana que este periódico ha decidido no señalar, la autora pregonó: «Una amiga mía me ha comentado que es gay y vive con otro hombre. A mí me da igual lo que haga la gente de puertas para adentro (...), pero no pueden pretender trabajar para la Iglesia cuando promulga lo contrario». «Si la Iglesia se manifiesta en contra de la homosexualidad -apostilló-, que arregle lo que tiene dentro».

«Abra su espíritu»

Lejos de ser eliminado por los gestores de la web, dicho comentario permanece alojado allí; cuando menos, anoche seguía. Continuaba ese y dos más. Porque, con fecha del 29 del mes pasado, un segundo internauta, este de nombre Jurcio, replicó a la primera. «Pues yo también me sentiría avergonzado de creerme todos los cotilleos que se dicen de la gente. No tiene ninguna prueba de lo que afirma y, además, no creo que sea peor católico [el aludido], si es cierto que es homosexual, que usted con sus resentimientos», le espetó. Acto seguido, le aconsejó: «Abra su espíritu y preocúpese por rezar por quienes nos llevan a guerras, robos, materialismo y superficialidad, en lugar de demandar que se cese a una persona por un puro rumor».

No conforme con su perla original, ya el 18 de febrero, Lucía volvió a la carga, y contestando con dureza a su interlocutor. «¿Qué clase de pruebas necesita? Están inscritos en el Registro Civil de Santiago. Don (...) vive con don (...) desde hace 15 años», contraatacó. «Si no se está con los gais -agregó-, no se está... A medias no se puede andar. O si, o no».

Inquiridas al respecto, fuentes de la Fiscalía Superior de Galicia explicaron ayer que las hipotéticas implicaciones judiciales por un asunto de este tipo, en principio, salpicarían a la firmante de las cartas, pero no a la entidad dueña del dominio informático, el Arzobispado de Santiago. «En tanto que en ese foro todos entran libremente y manifiestan opiniones propias, sin coacción ni manipulaciones, la responsabilidad directa de las mismas corresponde a su autor o autores», argumentaron. «Otra cosa distinta -matizaron- es que, conocida la posible condición injuriosa de las opiniones, el prestador del servicio no las borrara. Ahí ya entraríamos en otro tipo de responsabilidad».

También preguntado sobre este particular, Fernando Adolfo de Abel Vilela, profesor de Derecho de la Información de la Universidade de Santiago, se pronunció en términos similares.

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