Ni en once años se olvida

María José Arcos Caamaño desapareció el 15 de agosto de 1996; la investigación sobre su caso está paralizada


santiago | El 15 de agosto está marcado a fuego en la vida de la familia Arcos desde el año 1996. Desde ese día, a Rosa, Manuela y todos los Arcos Caamaño les cuesta un poco más respirar y dormir por las noches. Desde ese día, y ya han pasado 4.017, Rosa y Manuela no saben qué fue de su hermana María José, porque desapareció de forma misteriosa en Corrubedo.

Trabajaba en el Servicio de Extensión Agraria de la Xunta, era de UGT, vivía en Santiago y tenía 35 años. Se llamaba María José Arcos Caamaño. La vieron por última vez un jueves por la tarde. Aunque tenía planes para irse a pasar fuera el fin de semana con su compañero, casi en el último momento habló por teléfono y hubo un cambio de planes. «Vengo esta noche», le dijo a su madre. Pero no, no volvió.

Han sido 4.017 días de dolor. Pero también, según revela Rosa Arcos, de frustración. «En estas fechas lo pasamos mal», cuenta al teléfono. «Además de revivir todo lo que sucedió -añade-, sentimos impotencia, frustración, porque año tras año no somos capaces de resolverlo». Y así, la familia Arcos, que ya tiene suficiente con sufrir y revivir la desaparición de María José, tiene que cargar una culpa que no le toca y que se traduce en rabia, frustración e impotencia.

El coche de María José fue hallado junto al faro de Corrubedo. Dentro había una mochila con objetos de playa y un bolso con su documentación personal, el estuche de unas gafas de sol y tabaco. La ropa que se había llevado no estaba, ni las llaves del coche. La radio estaba encendida y el asiento, desplazado hacia atrás, como para una persona mucho más alta. En el Seat Ibiza no se encontró ninguna huella.

La investigación se ha paralizado. Las hermanas Arcos Caamaño ya lo denunciaban el año pasado por estas fechas. El proceso no está cerrado, según la versión oficial. Pero ellas dicen que no se retoma, que en privado todas las reuniones que tienen con la Policía acaban con el compromiso de seguir buscando, pero nunca se plasma en nada concreto. «Queremos que se nos confirme que se está trabajando», indica sosegadamente, aunque parezca un grito, Rosa Arcos. La familia pide que la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Nacional se encargue del caso.

En agosto de 1996 La buscaron por mar y por tierra. Peinaron toda la zona de Barbanza, los montes, las rocas. Nunca apareció. Había gente que decía haberla visto. Incluso hubo quien habló de suicidio, algo que la familia se apresuró a negar tajantemente.

A María José la mataron, sostienen sus hermanas. Poco después de desaparecer, su familia fue a declarar a Comisaría de forma voluntaria. Creen que su hermana fue víctima de la violencia de género.

En estos años, la familia Arcos y sus amigos han hecho campañas de todo tipo. Tienen un sitio web (www.mariajosearcos.es), hicieron recogidas de firmas, hicieron algún tramo del Camino de Santiago, organizaron concentraciones y manifestaciones. Su intención es poder cerrar el tema de una vez, zafarse de toda esa frustración. Averiguar qué fue lo que le sucedió a su hermana, que desapareció hace once años y aún no se sabe nada.

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