Castromil, ya sólo un recuerdo

Crónica | El adiós de un firma asociada a la historia de Santiago La compañía, que efectuó su primera viaje a Pontevedra en 1917, empezó con media docena de autocares que fueron desplazando a las viejas carrilanas


x.?r. | santiago

BAJO LA PIQUETA.El edificio Castromil -en la imagen- fue demolido hace tres décadas y con él se perdió uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista gallega.VIEJA ESTAMPA.Los antiguos Castromil, que recordaban un poco aún a las diligencias, comenzaron a recorrer itinerarios domésticos en las primeras décadas del pasado siglo.Castromil ya es una empresa de Lugo, pero quedó anclada para siempre en la memoria de los compostelanos. Sólo en la memoria, porque el mejor testigo físico, el más emblemático, de la prestigiosa firma cayó bajos los efectos de la piqueta en 1975, en uno de los momentos más infames de la historia de la ciudad. El Castromil convirtió la actual plaza de Galicia en uno de los centros vitales de Santiago a partir de 1929, cuando se constituyó la sociedad anónima que ahora ampara el grupo Monbus.Pero quedan muy pocos compostelanos que se hayan subido a los primeros autobuses, en 1917, doce años antes de su inscripción mercantil. Evaristo Castromil, el fundador, hizo rodar seis autocares Saurer, llegados de Alemania para prestar los primeros servicios motorizados de transporte de viajeros, arrinconando las viejas carrilanas. El primer viaje quedó reflejado en las aguas del río Lérez. Hoy son vehículos graciosos, pero entonces rezumaban alta tecnología (aunque muchas veces había que empujarlos). Si uno muestra interés en conocer su estampa, no tiene más que pasarse por el Cantón Grande de A Coruña, donde verá fotografiada la añeja flota. ¿Dónde se ubicaba el domicilio de la empresa? Pues en los soportales de la rúa do Vilar, al lado de la antigua armería Vidal. El despacho se trasladó luego a la plaza de Fonterrabía (en el lugar del ya extinto bar Gaiola) y los autobuses partían de A Senra. Y de ahí (1929) a la plaza de Galicia, que desde entonces se denominó popularmente plaza del Castromil. Las cocheras sí que las recuerda el paisanaje en la extensa franja entre el actual Araguaney y la cuesta das Camelias. Una alcaldada mató media historia del Castromil en el 75, apagó para siempre el vocerío del viejo bar Kiki y esparció a los limpiabotas por la ciudad. Fue para Ramón Castromil, alma máter de la empresa, «unha ferida sentimental». Y para los compostelanos. Y para los gallegos, que perdieron una alhaja del patrimonio modernista. El prestigio del Castromil permaneció intacto, y cualquier autobús de línea en Galicia era bautizado popularmente con ese nombre. No sólo los autobuses. Otero Pedrayo, que muchos sábados se subía al Castromil hasta Ourense (como hasta ahora los viernes a A Coruña el presidente de la Real Academia, Xosé Ramón Barreiro) llamaba así a los aviones. Voló muchas veces en un Castromil. Una política de absorciones empresariales fue llevando a la firma compostelana por las principales rutas gallegas, y los seis autocares de 1917 se transformaron en una flota de 160 cuando Monbus la engulló.

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