La llorería

Luis Ferrer i Balsebre
luis ferrer i balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

SALUD

JUAN MEDINA

24 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Para los profesionales que llevamos más de cuarenta años fajándonos en las trincheras de la salud mental, es una buena noticia que el Gobierno haya sacado del cajón la necesidad de legislar y prestar atención a una patología que sabemos será prevalente en los próximos años. La cuestión está en el cómo y el para qué. 

La patología mental presenta una etiología biopsicosocial compleja en la que se imbrican genética, familia, educación, medio ambiente, sociedad y cultura. En el abordaje de esta complejidad, la historia de la psiquiatría ha pasado por muchas fases en función de los avances neurológicos, psicológicos, antropológicos, psicofarmacológicos y psicoterapéuticos. Hubo etapas en las que tuvimos que aliarnos con el mismísimo diablo para intentar rescatar al paciente del pozo de la locura, otras en que pusimos el acento en el aspecto social y familiar (la llamada antipsiquiatría), otras de euforia ante el advenimiento de psicofármacos eficaces para cuadros hasta entonces inabordables, otras en que el descubrimiento del inconsciente nos abrió la posibilidad de explorar las profundidades de la mente humana y otras en que la neuroimagen nos permitió fotografiarlas.

Es imprescindible conocer todo este recorrido para legislar sobre salud mental sin caer en paradigmas obsoletos o fanatismos tribales del pasado siglo. Son los profesionales de la salud mental quienes tienen que diseñar el contenido de una futura ley y resulta muy peligroso dejar esa tarea en manos de los políticos de todo pelo y pluma, que siempre lo harán desde un oportunismo ideológico que nada tiene que ver con la verdadera patología mental y sí con una psicologización de la vida cotidiana que solo favorece lucrativamente a los numerosos pregoneros que travisten el dolor de vivir en nuevas enfermedades.