«Me ducho y duermo con el botón de alarma»

S. A. REDACCIÓN / LA VOZ

SALUD

CESAR QUIAN

Joaquina Solórzano es usuaria del servicio de teleasistencia y está tan contenta que desde que entra por la puerta de su casa se cuelga el botón de alarma al cuello y ya no se lo quita hasta que vuelve a salir

10 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Joaquina Solórzano tiene muy claro que la teleasistencia es el invento del siglo XXI para las personas mayores que viven solas. Da igual si el usuario potencial se encuentra estupendamente a partir de los 65, porque permite estar conectado con una central de emergencias los 365 días del año y las 24 horas del día. Esta vecina de A Coruña nunca tuvo necesidad de disponer de este servicio en su casa hasta que un par de episodios cambiaron por completo su perspectiva: «Me caí dos veces en casa. Una de ellas la cabeza no me funcionó, me quedé como en shock y fue en ese momento cuando me di cuenta de que necesitaba este tipo de programas», asegura esta mujer, que también reconoce que tiene problemas de corazón y de pulmón. Es usuaria del servicio de teleasistencia y está tan contenta que desde que entra por la puerta de su casa se cuelga el botón de alarma al cuello y ya no se lo quita hasta que vuelve a salir a la calle: «Me ducho y duermo con el botón de alarma. A veces me despierto con la marca en el pecho, pero no me importa. Además, nunca se activó sin que yo lo pulsara», explica.

Hace poco tuvo un nuevo percance y le asombró la rapidez con la que llegaron los servicios de emergencia: «Fue el pasado 23 de diciembre. Sentí que me ahogaba. Entonces pulsé el botón y automáticamente hablé con la central de alarmas y me pusieron directamente ya con el médico. Fíjate lo rápido que fue que mi hermano vive en el mismo edificio que yo y él llegó al mismo tiempo que la ambulancia», asegura esta mujer, que cree que es un servicio muy necesario, sobre todo, para las personas que viven solas en casa, como es su caso: «Yo tengo a mi hermano en mi edificio, pero nunca sabes lo que puede pasar», dice.