Croacia, la anomalía de la gloria

Clubes endeudados, una liga adulterada por sospechas de amaño arbitral y directivos corruptos marcan el paso del fútbol de la nación balcánica


Nada hacía presagiar este recorrido a la aristocracia del fútbol mundial. Croacia y su selección han atraído la atención del mundo futbolístico gracias a su primera clasificación para la final de una Copa del Mundo. En el mejor de los sueños, repetir la hazaña de las semifinales de Francia 1998 era el más optimista de los pronósticos. Pero, ¿qué hay detrás de este pequeño milagro futbolístico?, ¿qué contexto vive el actual fútbol croata?, ¿cuáles son las singularidades futbolísticas de un país de apenas 4,1 millones de habitantes?

La principal razón del éxito de la selección balcánica es la extraordinaria generación de jugadores que ha aunado Zlatko Dalic en Rusia. Sin embargo, el éxito futbolístico es un mayúsculo contrapeso a las carencias sistemáticas de un fútbol local que se ha instalado en la mediocridad, como consecuencia de las deudas y la corrupción endémica de su federación y de su liga. Los problemas empiezan en el campeonato local y acaban en la federación y viceversa.

A nivel de selecciones, Croacia vive en una perpetua escasez de títulos en categorías inferiores; jamás ha conquistado un título sub-21, sub-19 y sub-17, siendo lo más destacable un par de semifinales, en el 2005 en categoría sub-17 y en el 2010 en sub-19. Pese a lo alejado que ha estado de los títulos, el fútbol croata se ha mantenido como un ingente vivero de talento de jugadores, siempre de un perfil similar: carácter, calidad y competitividad.

A ojos de lo que en las últimas décadas se ha convertido el fútbol brasileño y argentino, en Europa los clubes croatas se han convertido en un auténtico caladero del que se nutren grandes ligas, hasta el punto de que se ha convertido en el octavo país del mundo que más jugadores exporta, con un total de 323 futbolistas repartidos en campeonatos de todo el globo. La frágil economía de los clubes obliga a vender el talento de manera precoz, en muchos casos en edades juveniles, para ingresar el dinero inmediato y necesario para la supervivencia de las entidades, sin que, en muchos casos, los jugadores puedan haber despuntado y marcado diferencias en la First HNL.

En la actualidad, la liga croata cuenta con el mayor número y porcentaje de jugadores extranjeros de toda su historia (74), lo que supone el 25% de todo el campeonato. El Dinamo de Zagreb, el auténtico dominador de la competición ?ha ganado 12 de los últimos 13 campeonatos? lidera esta estadística con más de la mitad de su plantilla con pasaporte foráneo. El Rijeka y el Hajduk Split, los otros dos conjuntos punteros del país, también han tenido que recurrir al mercado extranjero para poder competir con el equipo de la capital.

El Dinamo de Zagreb, paradigma de orgullo y miserias del fútbol croata

El Dinamo de Zagreb representa lo mejor y lo peor del fútbol croata; de su cantera ha salido el esqueleto de esta histórica Croacia; Modric, Kovacic, Vrsaljko, Lovren, Corluka y Kramaric. Pero la institución es también el símbolo de las peores miserias del fútbol del país. Está gobernado en la sombra por el polémico Zdravko Mamic, presidente del club del 2003 al 2016 y ultraconocido por su hostilidad con periodistas, empleados del club y aficionados de su equipo. Ha sido acusado de comprar a los árbitros para favorecer la hegemonía del Dinamo en una liga adulterada, fue además encarcelado hasta en dos ocasiones por corrupción y sobre él pesan acusaciones de soborno o evasión fiscal. El año pasado fue tiroteado en plena calle. Sobrevivió con varios disparos en su pierna y este pasado mes de junio ha sido sentenciado a seis años de prisión por malversación en los traspasos de Luka Modric y Dejan Lovren al Tottenham y al Olympique Lyon, respectivamente, de los que se habría llevado cerca de 15 millones de euros.

Además, la afición del Dinamo vive una gigantesca fractura social entre detractores y seguidores de Zdravko Mamic, enemistado con el principal grupo ultra los Bad Blue Boys. Pese a todo ello, hombres de su confianza siguen controlando el club y la federación. Un contexto decadente que alumbra más mérito al sueño que Croacia busca consumar este domingo ante Francia.

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