Decir adiós es lo mejor

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Tiene todo el sentido que Rusia haya sido el verdugo de España. Porque los españoles, con la pistola en la sien, estaban jugando a la ruleta rusa. Bala a bala, fueron llenando el cargador. Comenzaron incluso antes de que arrancara el Mundial. Florentino Pérez metió la primera al fichar a Julen Lopetegui en la semana en la que comenzaba el torneo. Él, que aseguró en la presentación del técnico, que no tiene «un sentido patrimonial de las personas», reventó todos los planes porque necesitaba anunciar la contratación. Más munición. Al equipo le entró el miedo en el cuerpo en el arranque del Mundial, Fernando Hierro tuvo más de un partido para cambiar y prefirió retocar la chapa antes que revisar el motor. Insistió en David de Gea. Al fin y al cabo, es el mejor portero de la Premier, decían. Y ninguneó a Iago Aspas, quizás porque solo era el máximo goleador nacional de la Liga española. No hay cosa más paleta que la expresión «de provincias». Pero no existe otra razón que explique que un Marco Asensio sin alma ni rumbo haya jugado frente a los rusos más de cien minutos y que Aspas haya entrado en el campo en el 80. Que Aspas haya fallado el penalti definitivo no es más que una broma cruel del fútbol.

España logra la cuadratura del círculo. Una derrota injusta y una eliminación incontestable. Siempre sobran forenses que certifican la defunción y faltan médicos que diagnostiquen la enfermedad. A posteriori siempre es fácil criticar. Pero aquí hubo tantos a prioris... El juego horizontal convertido en una tediosa página rayada sin propósito de relato. El bloqueo en los futbolistas y del técnico. La negación de las evidencias. Visto lo visto, que esta selección se metiera entre las ocho mejores solo podía deberse a un guiño del azar, a que al destino se le metiera algo en el ojo. Casi es un alivio la vuelta a casa, una amputación que evita la gangrena de la agonía. Decir adiós es lo mejor. Como diría un argentino, «no sos vos, soy yo». Aunque duele por la despedida de Andrés Iniesta. Su estrella ni siquiera necesita el brillo del Balón de Oro. Los retuits, para los que ensayan más los posados al marcar que las jugadas a balón parado. La celebración que mejor preparó el manchego fue para recordar el nombre de otro futbolista: Jarque. Ni Messi ni Cristiano han marcado ese gol.

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