Sobrevivir a una nueva ruleta rusa

Otro partido en el que España no abruma, con muchos errores de posición, pero del que sale con las opciones de título intactas


Irán, el otro día, y Marruecos, en este, exhibieron dos maneras diferentes de defender un resultado. Dos maneras diferentes de defender y atacar las áreas, pero en las que al final hay que conseguir una mayor frecuencia de llegadas que el contrario. Y estamos viendo a una selección española que no abruma en este sentido, llega al área a su modo, muy distinto que Marruecos, pero al final contabilizamos las llegadas de unos y de otros y vemos que estamos ante partidos muy igualados. España acumula pases, pero no abruma.

El juego

Mejor en campo abierto que en estático. España hace mucho peligro cuando el rival se confunde con la pelota y le puede contragolpear. Maneja muy bien las situaciones de cuatro contra cuatro o cinco contra cinco, pero cuando ataca en estático es muy lineal, muy frontal. Y esto hace que acabe cometiendo equivocaciones, a media que avanza el partido y ve que no encuentra la rendija adecuada para entrar en el área, El no ser capaz de generar buenas ocasiones propicia no tener el partido controlado y te empiezas a inquietar. El encuentro acaba convirtiéndose en una ruleta rusa, igual que sucedió contra Irán.

La defensa

Otro gol regalado. Sucedió en el primer partido y se volvió a repetir contra Marruecos. España no tiene esa seguridad defensiva de antaño y volvió a cometer un grave error en el primer gol. En esta ocasión, están mal situados en la salida de balón Sergio Ramos con respecto a Andrés Iniesta. No pueden estar dos jugadores de diferente línea, uno a un metro de otro. Tienen que estar más alejados para generarle incertidumbres de pase al rival. Para atacar hay que separarse mucho y no fue el caso. El segundo ya es un balón parado y en ese tipo de acciones ya da igual el rival al que te enfrentes. Te va a meter seis o siete jugadores en el área, es un momento crítico del juego, y ahí ya no vale nada.

El ataque

Mal posicionamiento. Es verdad que no ha habido cambio de sistema, a pesar de que el juego no fluye. Pero ese no es el problema de España. Aquí el tema está en el funcionamiento colectivo, que no es bueno. Las posiciones no son las adecuadas, hay pases solapados y varios jugadores ocupando el mismo espacio. Y como el posicionamiento no es bueno, el rival, con defensa organizada, es capaz de neutralizarnos con relativa facilidad. Aspas salió como un caballo desbocado, aportando pasión y energía al juego e hizo lo que tenía que hacer.

Futuro

Opciones intactas, un motivo para ser optimistas. El Mundial empieza ahora y España puede ganarle a cualquiera. Si bien es cierto que en otros campeonatos de rango no era tan encajador como lo está siendo ahora, las opciones están intactas y la competición de verdad empieza el domingo contra Rusia. No estoy preocupado, pese a todo, porque creo que este trago está pasado y debe servir para concienciarnos de que esto no es fácil.

El placebo del «efecto Alfonso»

Lois Balado

El narrador gritaba enloquecido «¡Dios existe!» un 21 de junio del año 2000 en Brujas. Su éxtasis se debía a que Alfonso, entonces delantero del Betis pero haciendo ya las maletas rumbo a un fracaso en Barcelona, perforaba las mallas de Ivica Kralj. España ganaba a Yugoslavia y se clasificaba para los cuartos de final de aquel Europeo de Bélgica y Holanda.

Más allá de los éxitos recientes, del tan cercano sabor a gloria, pocos momentos se pueden comparar a aquel big-bang de júbilo. Hasta este lunes, cuando asistimos impertérritos ante la pantalla a como los árbitros eran asistidos por otras pantallas en un bucle de final delicioso. Volvimos a sentir el «efecto Alfonso», propio de los equipos mortales. Propio de conjuntos vulnerables pero sintiendo el placer de esquivar la desgracia a última hora.

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